Neurociencia, glía y una vida mirando el cerebro muy de cerca.
Nacida en Chiclana y trasladada a Málaga siendo muy pequeña, Antonia Gutiérrez crece entre dos coordenadas que marcarán su trayectoria: el sur y la universidad pública. Desde niña, cuenta, le fascinaban la naturaleza, los animales y “la vida en sí”; programas como El hombre y la Tierra, de Félix Rodríguez de la Fuente, actuaron como una especie de preludio doméstico de lo que luego sería una carrera entera dedicada a mirar la vida a través del microscopio.
Vocación temprana: de la curiosidad al microscopio
En la Facultad de Ciencias de la Universidad de Málaga el interés infantil se transforma en vocación. Estudia la Licenciatura en Ciencias Biológicas, que completa en 1987, y pronto descubre que su territorio natural es la Biología Celular y la Neurociencia: microscopia, neuronas, tejido cerebral, esa mezcla de delicadeza y precisión que define tanto el objeto de estudio como el oficio del investigador.
Ya en segundo curso consigue incorporarse como alumna interna a un grupo de investigación en neurociencia. En la entrevista que años después concederá a la Sociedad Española de Neurociencia (SENC), recordará el momento de ver por primera vez neuronas al microscopio como una escena casi fundacional: desde entonces, la neurociencia será “su” disciplina y su pasión estable.
En 1991 obtiene el doctorado en Ciencias Biológicas por la Universidad de Málaga, consolidando una relación con la institución que ya no se romperá: será su lugar de formación, de trabajo y, con el tiempo, de liderazgo académico.
América: aprender a hacer ciencia lejos de casa
Tras el doctorado, Gutiérrez hace lo que muchas carreras científicas sólidas europeas hicieron en los años noventa: cruzar el Atlántico. Realiza una estancia postdoctoral de tres años en Estados Unidos, en la University of Missouri–Kansas City, donde se sumerge en un ecosistema científico distinto, con otros ritmos, otros recursos y otro modo de entender la investigación competitiva.
Esa etapa no sólo le proporciona técnicas avanzadas en biología celular y modelos experimentales en neurodegeneración; también moldea su red internacional de colaboraciones y su vida personal. Allí conoce al neurocientífico Zafar U. Khan, con quien compartirá laboratorio, proyectos y, como ella misma dirá, vida y profesión.
Regreso a Málaga: construir un grupo, construir un campo
En 1994 regresa a la Universidad de Málaga con un Contrato de Reincorporación del Ministerio de Educación y Ciencia, una figura pensada precisamente para recuperar talento científico formado en el extranjero. Poco después accede a plaza de Profesora Titular de Biología Celular (1995/96–2010) y, desde 2011, es Catedrática de Biología Celular.
Su carrera investigadora se centra en la neurociencia del envejecimiento y la neurodegeneración, con una protagonista clara: la enfermedad de Alzheimer.
Desde 2003 dirige un grupo de investigación biomédica sobre la patología celular y molecular de esta enfermedad, conocido hoy como grupo NeuroAD, que la Junta de Andalucía reconoce como grupo consolidado y que se integra en el Instituto de Investigación Biomédica de Málaga (IBIMA-Plataforma BIONAND).
El objetivo del grupo se resume en tres verbos que suenan fríos pero esconden biografías enteras de pacientes: entender los mecanismos moleculares y celulares del proceso neurodegenerativo, identificar biomarcadores de progresión y evaluar terapias potenciales en fases preclínicas. Para ello, el equipo combina modelos animales transgénicos de Alzheimer con el análisis de tejido cerebral post mortem de pacientes, una aproximación que le permite conectar el laboratorio con la realidad clínica.
La glía como protagonista: microglía, astroglía y neuroinflamación
En un campo históricamente dominado por las neuronas, el trabajo de Gutiérrez contribuye a desplazar el foco hacia la glía: microglía y astroglía como actores centrales en la patogenia del Alzheimer, no simples comparsas. Sus líneas de investigación profundizan en el papel de estas células en la neuroinflamación, la pérdida sináptica y la muerte neuronal asociadas al envejecimiento y a la enfermedad.
Se estudian, por ejemplo, interleucinas antiinflamatorias como agentes neuroprotectores, estrategias para modular la activación glial o la vulnerabilidad de determinadas poblaciones neuronales GABAérgicas en modelos transgénicos de Alzheimer. a
La dimensión de su producción científica es también cuantificable: más de 170 publicaciones, miles de lecturas y alrededor de 8.000 citas en plataformas como ResearchGate y Google Scholar la sitúan como una figura relevante en la neurociencia del Alzheimer a nivel internacional.
CIBERNED, IBIMA y la red de la neurociencia española
Desde 2007, Antonia Gutiérrez es investigadora principal del Centro de Investigación Biomédica en Red sobre Enfermedades Neurodegenerativas (CIBERNED), dentro del programa dedicado al Alzheimer y otras demencias, perteneciente al Instituto de Salud Carlos III.
Simultáneamente, su grupo forma parte de IBIMA-Plataforma BIONAND, donde lidera el grupo NEUROAD/NeuroAD dedicado a la neuropatología del Alzheimer, y participa en la estructura de investigación biomédica de Málaga, una de las más dinámicas del país en neurodegeneración.
Es miembro de la Alzheimer’s Association (a través de ISTAART), de la Society for Neuroscience (SFN), de la Federation of European Neuroscience Societies (FENS), de la Sociedad Española de Neurociencia (SENC) y revisora para numerosas revistas internacionales. También forma parte de comités de evaluación de agencias tan diversas como la Alzheimer Association estadounidense, el Medical Research Council británico o la Agencia Nacional de Evaluación y Prospectiva en España.
Presidenta de la Sociedad Española de Neurociencia
En 2025, la trayectoria acumulada cristaliza en un reconocimiento institucional de alto perfil: Antonia Gutiérrez es elegida presidenta electa de la Sociedad Española de Neurociencia (SENC), con un mandato de cuatro años —dos como presidenta electa y dos como presidenta efectiva—, al frente de una sociedad que agrupa a más de un millar de investigadores.
Medios, instituciones y la propia SENC subrayan el doble valor de este nombramiento: por un lado, reconoce la solidez de su carrera científica; por otro, refuerza la proyección de la neurociencia hecha en Andalucía, tradicionalmente ubicada lejos de los grandes polos de poder científico de Madrid y Barcelona.
Como presidenta, su agenda pública combina tres ejes: defensa de la ciencia básica, promoción de la igualdad de género en la carrera investigadora y visibilización de la ciencia española —y andaluza— ante la ciudadanía.
Reconocimientos: “Muy Científicas” y la visibilidad de las investigadoras
En paralelo a su ascenso en la estructura científica, Gutiérrez acumula reconocimientos que ponen el foco, precisamente, en las mujeres científicas. En 2025 es distinguida con uno de los galardones “Muy Científicas”, una iniciativa que busca reconocer y dar visibilidad al trabajo de investigadoras andaluzas. La Universidad de Málaga y diversos medios resaltan su papel como referente femenino en ciencias biomédicas.
Su participación en proyectos como ComoTú, orientados a atraer talento femenino hacia las carreras STEAM, refuerza esa dimensión de modelo y mentora para generaciones más jóvenes.
Docencia y mentorazgo: formar neurocientíficas y neurocientíficos
Pese a la intensidad de su actividad investigadora y de gestión, Antonia Gutiérrez mantiene una actividad docente amplia en la Universidad de Málaga: grados en Biología, Ciencias Ambientales, Bioquímica, Ingeniería de la Salud, así como másteres y programas de doctorado en Biología Celular y Molecular y Biotecnología Avanzada.
En la entrevista con la SENC, cuando le preguntan por su mayor logro, responde de forma reveladora: más que señalar un hallazgo concreto, enfatiza que lo más enriquecedor ha sido formar a jóvenes neurocientíficos, transmitirles conocimiento y motivación, y hacerlo además en el marco de equipos humanos cohesionados.
Ese énfasis en la formación encaja con el tipo de biografía que ella misma parece preferir: no la del genio aislado, sino la de la científica que construye comunidad, escuelas y grupos, y que entiende que ningún resultado de laboratorio es posible sin las personas que lo hacen.
Voz pública frente al Alzheimer
En el debate público, Gutiérrez se ha mostrado clara en un punto: la necesidad de mucha más inversión en investigación si se aspira a encontrar tratamientos eficaces frente al Alzheimer. En actos divulgativos y conferencias ha reclamado de forma explícita un refuerzo decidido de la financiación en neurodegeneración, recordando que se trata de una enfermedad devastadora en sociedades cada vez más envejecidas.
Su trabajo se sitúa, por tanto, en: la intersección entre la ciencia básica —microglía, astroglía, sinapsis, modelos transgénicos— y una preocupación muy concreta por el impacto social de la enfermedad: diagnósticos más tempranos, biomarcadores útiles, nuevas dianas terapéuticas que algún día permitan no solo retrasar, sino quizá impedir, el deterioro cognitivo.
Una científica de largo recorrido
Vista con la distancia que permite el género biográfico, la figura de Antonia Gutiérrez se articula en tres planos superpuestos:
- La investigadora básica que ha contribuido a colocar a la glía —y no sólo a las neuronas— en el centro de la conversación sobre Alzheimer.
- La constructora de estructuras científicas, que consolida un grupo, se integra en redes nacionales e internacionales (CIBERNED, IBIMA, SENC) y asume responsabilidades de liderazgo.
- La docente y mentora, que mide su éxito no sólo en citas, sino en tesis dirigidas, carreras impulsadas y vocaciones despertadas.
En un campo donde los nombres tienden a asociarse a grandes centros de élite, la trayectoria de Antonia Gutiérrez demuestra que es posible hacer neurociencia competitiva desde el sur, en una universidad pública, y al mismo tiempo abrir camino para otras —y otros— que vendrán después.
