Jose Manuel Moreno Periñán El Ratón

Jose Manuel Moreno Periñán “El Ratón”

Se habían cumplido 20 años desde los Juegos Olímpicos de Barcelona 92 cuando José Manuel Moreno Periñán, chiclanero apodado “El Ratón”, fue reconocido con uno de los Premios Andalucía de los Deportes. Ocurrió en 2012, en una edición donde también iban a ser premiados otros deportistas, andaluces y brillantes como él: la windsurfista Marina Alabau (oro olímpico en las olimpiadas londinenses de ese año), el ciclista Alfonso Cabello (oro paralímpico en la misma cita), las hermanas Marta y Ángela Hernández (campeonas del mundo de clase snipe de vela), el Cajasur Priego Tenis de mesa (campeón de liga y Copa), o la Sociedad de Carreras de Caballos de Sanlúcar de Barrameda. El galardón con el que se premió al primer ciclista andaluz que consiguió el oro olímpico era muy especial; tanto, que sería considerado Premio Especial del Jurado, como uno de los deportistas más relevantes del país.

Moreno Periñán -­con poco más de 20 años-­, cambió para siempre la percepción que teníamos de nuestros deportistas. “Aquello hizo ver a todos que podíamos […] Ahora, el deportista español ya se lo cree. Antes, el solo hecho de ir a los Juegos ya era suficiente premio, pero en Barcelona nos dimos cuenta de que podíamos ir a por la medalla”, contaba el propio José Manuel a El Periódico, dos décadas después de la gesta. Su gesta. El pueblo chiclanero, que no le vio nacer pero sí le consideraba ­y le considera­ hijo suyo, le nombró Hijo Predilecto de la ciudad.

Un 2 de agosto de 1992, alrededor de 10.000 personas le recibieron en Chiclana, como el héroe olímpico en que se había convertido. Posteriormente, el Ayuntamiento le entregó la insignia de oro y brillantes del Patronato de Deportes. Fue toda una fiesta aquella noche de aquel verano, la alegría por la medalla de oro de José Manuel era palpable. Hubo cantes, bailes, fuegos artificiales…

Amo de la pista

José Manuel tiene una historia muy común en tierras gaditanas. Hijo de emigrantes, vino al mundo en Amsterdam, Holanda (donde sus padres habían marchado en busca de un futuro mejor). El 7 de mayo de 1969 nació, y hasta los ocho años no se trasladó a Chiclana de la Frontera; a los 15 años descubrió el ciclismo en pista, y ya no lo dejó. Poco tiempo después es convocado para entrenar con el equipo nacional en San Sebastián, compitiendo en el Campeonato Europeo de ciclismo en pista: ahí es donde se proclama subcampeón (concretamente, de los 1.000 metros contrarreloj). El siguiente paso fue Seúl 88. Sin embargo, no disputó los 1.000 metros contrarreloj, viéndose obligado a hacerlo en los 200 metros contrarreloj.

Tras una discreta participación, pasaron tres años hasta llegar a 1991, campaña clave en su trayectoria como deportista de élite. Con un entrenador clave: Alexander Nietzigorostev. Procedente de la antigua Unión Soviética, trajo consigo unas cuantas buenas ideas para el chiclanero, no exentas de dureza: Nietzigorostev imponía una psicología que no perdonaba un día de entrenamiento, absolutamente competitiva… No iba a ser un camino de rosas. Así lo confesaba en 2012 el ciclista a Javier Galán (en El País), cuando se refería a sacrificios y penurias que alcanzan un nivel extremo: “Un deportista en forma es prácticamente un enfermo. Mi entrenador, soviético, hasta decía que resfriarme era culpa mía”.

Sin embargo, aquel esfuerzo titánico empezó a dar resultados. Primero en los Juegos del Mediterráneo en Atenas, donde logró la medalla de oro; y poco después en las pruebas del mundo celebradas en Stuttgart, donde salió victorioso. El kilómetro contrarreloj iba a ser, definitivamente, su prueba favorita, su prueba fetiche. El éxito en los juegos barceloneses supuso un antes y un después en la vida deportiva de Moreno Periñán.

Varias fueron las propuestas que recibió de distintos equipos profesionales post­-Barcelona 92, si bien Kelme-­Costa Blanca se llevó el gato al agua -­es decir, la firma del ciclista­-. Era el año 1994. En aquell fase, iría alternando el ciclismo en carretera con el de pista… Y con las lesiones. Se decidió por el ciclismo amateur, finalmente, puesto que la disciplina a nivel profesional demandada demasiado tiempo, y el de Chiclana deseaba estar en los Juegos de Atlanta por encima de todo. Aquel año olímpico consiguió formar parte del equipo español, si bien su triunfo tuvo más que ver con la Copa del Mundo celebrada en Colombia. Una vez más, demostró que el ciclismo en pista era lo suyo: ganó la medalla de oro.

Un minuto para la historia

La gran baza del ciclismo patrio era “El Ratón”. Barcelona 92 era el espacio y el lugar para que Moreno Periñán alcanzara lo más alto de podio en la categoría de los 1.000 metros contrarreloj: su especialidad. Una prueba endiabladamente veloz en la que la última media vuelta era decisiva. En su caso, se trataba de una carrera que sería difícilmente olvidable para el imaginario colectivo ­la del 28 de julio de 1992­, puesto que la victoria del ciclista inauguró el medallero olímpico en la cita barcelonesa; consiguió, además, la primera medalla olímpica en ciclismo para nuestro país. Y encima batió el récord olímpico de la modalidad (con un tiempo de 1’ 03” 342””, y una velocidad media de 56,834 km/h).

El velódromo de Horta se convirtió en un escenario de ensueño, con “El Ratón” motivado en grado máximo, como cuenta en esta entrevista concedida a La Voz Digital: “[…] creía en mis posibilidades hasta tal punto que en pruebas internacionales me enfadaba mucho al no ser seleccionado”, recuerda. Controlaba totalmente las marcas de sus rivales, hasta tal punto que consideraba con seriedad que podría ganar. También recuerda, con guasa: “Imagínate, un tío de Chiclana metido ahí entre los mejores del mundo, cada vez que no me salían las cosas me quería comer a alguien”.

La vinculación de José Manuel Moreno Periñán con el deporte ­y el ciclismo en particular­ sigue ahí, pese a que dejó la bicicleta oficialmente en 2000. Como imagen de centros deportivos, como padrino de la candidatura de Chiclana como Ciudad Europea del Deporte 2015… Tampoco ha dudado en participar en pruebas tan duras como el Titán Desert, en 2012: un durísimo recorrido ciclista que tiene lugar en el desierto del Sáhara (con 680 kilómetros por delante, nada menos). Cada año celebra una barbacoa para celebrar aquel 28 de julio: el día en el que corrió con su bici como una exhalación e hizo historia en el olimpismo español, andaluz, gaditano… Y chiclanero, claro.