“El encuentro se produjo, por fin, en la mañana del día 5 al pie del Cerro del Puerco, encontrando la vanguardia que mandaba Lardizábal a una brigada de la división Villatte, al tiempo que las fuerzas de Zayas, al estruendo de la batalla, cruzaron el cayo y aparecieron por el norte dejando a Villatte en una peligrosa situación entre dos fuegos, por lo que decidió retirarse tras el caño de Almansa donde estableció una sólida posición. Manuel de Lapeña ordenó a Graham dirigirse a la Torre de La Barrosa para dirigirse al caño de Sancti Petri, cosa que disgustó al inglés al considerar que se perdía todo el esfuerzo de las duras marchas desde Tarifa y se desperdiciaba la ocasión de castigar duramente al francés, pero obedeció las órdenes recibidas”

Jaime Aragón Gómez en “Chiclana bajo el Gobierno de José Napoleón (1810-1812)”, 2007

La Batalla de Chiclana, librada un mes de marzo de 1811 en la cercanía de la playa de La Barrosa, tiene varias denominaciones, siguiendo las referencias en los libros de historia de los contendientes (Francia por un lado; Inglaterra y España por otro): los británicos llaman a esta “Guerra Peninsular” contra Napoleón la Batalla de La Barrosa, mientras que los españoles preferimos estudiarla como la Batalla de Chiclana, puesto que, como dice Aragón Gómez en su libro, “la batalla no se limitó exclusivamente a ese encuentro, sino a todas las operaciones llevadas a cabo desde el desembarco de Tarifa hasta el encuentro en las cercanías de la ciudad”. Sin embargo, los franceses -los descendientes del ejército invasor- se centran en el choque bélico del 5 de marzo por la tarde, y lo recuerdan como Batalla del Cerro del Puerco. Cerro del Puerco, Loma del Puerco, Loma de Cabeza del Puerco… Varios son los nombres con que se conoce un paraje del litoral donde todavía se levanta, cilíndrica y centenaria, la torre vigía conocida como Torre del Puerco.

La batalla no consiguió levantar el cerco de las tropas napoleónicas a Cádiz -más bien al contrario, los franceses lo estrecharon-, pero se convirtió en un episodio muy decisivo en la Guerra de la Independencia española. El bicentenario de la contienda, celebrado en 2011, se ocupó de rescatar la memoria de personajes como el general Thomas Graham; los jardines que rodean la Casa del Coto muestran, desde entonces, un busto en su honor. El inglés fue capaz de llevar a los suyos a una victoria que parecía insegura, dada la superioridad de los franceses. Y lo hizo en aquellos pinares próximos a la playa, en el chiclanero Cerro del Puerco. Hay que recordar que el puesto de mando del ejército napoleónico estaba situado en la Casa del Coto. La historia de esta batalla comenzó cuando se supo que parte de los efectivos franceses que asediaban Cádiz habían sido enviados a Extremadura. La Regencia española tomó entonces la decisión enviar fuerzas militares para sorprender por la retaguardia al ejército francés.

Se preparó entonces un desembarco en la costa, por Tarifa y Algeciras. Fueron los prolegómenos de la Batalla de La Barrosa. El teniente general Manuel de Lapeña, Capitán General de Andalucía, asumió el mando de las fuerzas aliadas, compuestas por un total de 14.600 hombres: 8.000 infantes, los 5.100 efectivos de la División anglo-portuguesa de Thomas Graham, así como 1.600 soldados de la Brigada Begines de los Ríos que se encontraban en Ronda. Enfrente, los 23.000 hombres del ejército napoleónico desplegados para cubrir el litoral gaditano, de Sancti Petri a Chipiona.

La Cabeza del Puerco

Los aliados anglo-españoles alcanzaron el Cerro de la Cabeza del Puerco. Lo hicieron una mañana del 5 de marzo, a primera hora del día. Las posiciones francesas se encontraban desplegadas entre la Torre Bermeja y el Caño Alcornocal; entre aquellos pinares dieron comienzo las primeras escaramuzas. La marcha de las tropas de Graham transcurrió por el norte de la playa de La Barrosa, mientras las reservas de infantería y caballería se quedaban en el cerro, siendo atacadas luego por el mariscal Víctor y sus hombres, venidos desde Chiclana y ocultos en lo que hoy se conoce como el Pinar de los Franceses. El general inglés, futuro sir, se vio forzado a realizar una contramarcha, ordenando la formación de dos agrupaciones para avanzar hacia ambos lados del cerro. Finalmente, y pese a la superioridad numérica napoleónica, los aliados consiguieron sorprender las columnas francesas y causar más de 700 bajas en el ejército invasor.

Aquel fracaso les conminó a retroceder desordenadamente, aunque Víctor tratase de frenar la retirada e incluso realizar un último intento de reanudar el combate. Las tropas de Graham acusaban un cansancio y una merma bestiales, pero los refuerzos españoles permitieron un nuevo choque que obligará al mariscal francés a retirarse definitivamente. Al término de la contienda, las muertes habían alcanzado a 2.373 franceses, mientras que por parte inglesa se perdieron 1.238 vidas. Generales como Ruffin y Chandro Rousseau sucumbieron en esta batalla, que duró aproximadamente dos horas. Los combates librados entre la Torre Bermeja y la Cabeza del Puerco segaron las vidas de casi 400 soldados de las fuerzas españolas.

Por lo demás, pasados unos días, los ataques y desembarcos de las fuerzas aliadas continuaron, pero la paralización de estos ejércitos propició que las posiciones de asedio francesas no se vieran en suma alteradas. La victoria anglo-española no sirvió, en última instancia, para nada. Fue una victoria de la alianza entre Inglaterra, España y Portugal en toda regla, pero la descoordinación de las fuerzas aliadas -como comenta Domingo Bohórquez en “Chiclana de la Frontera. Geografía, Historia, Urbanismo y Arte” (2011)- iba a ser una constante. Sobre este punto se ha escrito mucho, y suele adjudicarse al general Lapeña la responsabilidad en aquella falta de sintonía con el general Graham (que por otro lado elogió la bravura de los soldados españoles).

La torre almenara

Fortificación del siglo XVI, la Torre del Puerco pertenece al tiempo en el que el litoral estaba sembrado de vigías de piedra, cuya función era estrictamente militar. Los centinelas de la época podían divisar, así, cualquier avistamiento en la costa que implicase la posibilidad de una invasión (tanto de ejércitos como de piratas). Otra de sus funciones, con el paso de los siglos, ha sido el control del paso de los atunes (recordemos la actividad almadrabera de Chiclana de la Frontera). Situada en la parte más elevada de la Loma del Puerco, hoy en día presenta una pequeña plataforma en su base: las vistas desde este mirador son, sencillamente, extraordinarias.

¿Cómo se accede a la Torre del Puerco de Chiclana? Tanto a través de la urbanización Novo Sancti Petri (como por medio de una rampa pavimentada que sube desde la playa), es posible acercarse a esta construcción militar. Se levantó, al parecer, con materiales de origen romano (ladrillos, tégulas y desechos de cocción de alfarería). Está catalogada como Bien de Interés Cultural -con categoría jurídica de Monumento– desde junio de 1985. En la Loma del Puerco se documentaron, en 2002, varias estructuras de época romana; éstas ya se conocían pues habían sido localizadas en prospecciones realizadas a principios de la década de los noventa.

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