Bosque isla en el que habitan pinos piñoneros (Pinus pinea), el Pinar de Claverán -­en Chiclana de la Frontera-­ es el lugar elegido por la cigüeña blanca (la Ciconia ciconia) en Andalucía para llevar a cabo la cría. La conocida ruta de los siete puntos mágicos de Chiclana se para también en esta zona, cercana a las calas de Roche. Es ahí donde se encuentra el Pinar del Hierro y la Espartosa, y desde donde ­una vez subida la colina­ se observa lo que un día fue un típico bosque mediterráneo… El Pinar de los Franceses, el Pinar de Algaida, el Pinar de la Barrosa (cuyo terreno de calcarenita, más pobre en nutrientes, es utilizado como cantera de áridos) o el Pinar de Roche (si bien este último se encuentra en el término municipal de Conil). Reza la placa colocada justo en el punto mágico: “este mar de copas verdes que desde aquí contemplamos ­-pinares del Hierro y de Claverán-­ era visión natural en toda la Chiclana antigua. Bosques de algarrobos, olivos, alcornoques, chaparros y encinas poblaban nuestro término por doquier”. Con esta placa conmemorativa se celebraba el séptimo centenario del vetusto pulmón verde (1303-­2003).

La Agencia de Medio Ambiente y Agua del gobierno andaluz publicó, en su memoria de 2012, que el de Claverán era un pinar que se hallaba “en buen estado de conservación”. Y que para ello se realizaban “tratamientos silvícolas para favorecer el estado de la masa (clareos de pinos de intensidad media)”. Estas actuaciones ­-cuando los técnicos dicen “silvícola” se refieren a lo que habita en la selva­-, se acompañaban en tal caso de repoblaciones con alcornoques (Quercus suber), de los que hemos hablado más ampliamente en relación con el Alcornocal del Pago del Humo, otro punto importante del medio ambiente chiclanero; algo lógico si se tiene en cuenta que los alcornoques han ocupado, tradicionalmente, la mayor parte de la franja costera de Cádiz. Ante la escasez de sus rodales, se ha seguido esta política de restitución del que es un clásico vegetal de la costa atlántica.

Pero volvamos a los pinares. Lamentablemente, en julio de 2006, una serie de incendios intencionados ­-en su mayor parte-­ dañaron 25 hectáreas de masa arbórea en la Loma de la Espartosa, de Las Monjas y del Claverán. Dado el alto valor paisajístico del último, era necesaria la reforestación; anunciada, en aquellos años, por el Ayuntamiento chiclanero, en forma de un plan con el que pretendían sembrar unos 5.000 árboles en tan castigada área. El consistorio realizó una llamada a la colaboración del vecindario, así como a los centros escolares de la ciudad.

Los senderistas que se acercan por estos lugares arrancan la marcha en el conocido como Camino de la Cuca, al que se accede por la carretera del Pago del Humo (en la entrada hacia el Caño de Juan Cebada). Los testimonios de caminantes que han pasado la jornada allí ­-en las inmediaciones del cortijo de Claverán­-, hablan de avistamientos de nidos donde las cigüeñas realizan su crianza, puesto que abundan en esta zona protegida (igualmente, pueden contemplarse nidos de águilas ratoneras). Son típicas, en las zonas de pinares de Chiclana de la Frontera, las áreas recreativas, parques y senderos. Preparados, todos ellos, para servir de magnífico camino y lugar para el disfrute de las actividades de ocio y deporte al aire libre.

Pinus pinea

Tanto el sur como el oeste de Cádiz son ricos en la especie de Pinus pinea (aka pino piñonero). El pino es alóctono ­-o sea, que no es de aquí­-, sin embargo, parece que le ha ido bien en el ecosistema gaditano. Se ha adaptado estupendamente, después de que la mano del hombre decidiera plantar ejemplares en distintas zonas, por motivos diversos además: bien para fijar las dunas en las áreas costeras o para reforestar un claro, aprovechar la madera (recordemos la industria del astillero), recolectar piñones… Las piñas del árbol, de hecho, son su fruto característico; de ellas se extraen los -­carísimos-­ piñones, tan deseados como apreciados y fantásticos para degustar en crudo (o condimentar comidas). La temporada de recogida de piñones tiene lugar entre noviembre y abril (recolección que, en algunas zonas, está regulada por la Junta de Andalucía).

Al margen de su fruto, los pinos piñoneros son una especie arbórea que crece bastante y puede alcanzar los 30 metros de altura. No hay más que ver su gran tronco ramificado en la parte superior (la que forma esa gran copa aparasolada). Aunque no siempre es, digamos, tan regular en su aspecto. El pino de estos lares ­-Cádiz, Chiclana de la Frontera-­ está sometido a fuertes vientos de levante; eso hace que adopte morfologías de lo más extrañas, con la finalidad de adaptarse al vendaval. Gracias a sus raíces, es capaz de obtener agua de zonas profundas. El suelo sobre el que crecen es, fundamentalmente, arenoso.

Es un árbol de hoja perenne: mantiene sus hojas a lo largo del año; éstas (las hojas) son aciculares (con forma de agujas), ya que tienen que evitar la pérdida de agua por evapotranspiración. ¿Y la floración? Tiene lugar entre marzo y mayo, y en ella se distingue entre las flores masculinas (que son de color amarillo pardo, en forma de espiga), y las femeninas (de color verde-­rojizo, y forma cónica); las femeninas suelen salir en las partes más altas de las copas, mientras que las masculinas florecen en zonas inferiores (de esta manera se evita la autofecundación).

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