Museo del Vino y de la Sal de Chiclana: Sala de exposiciones, sala multidisciplinar, eventos, actividades relacionadas con la cultura del vino y la sal

El Museo del Vino y la Sal (o Centro de Interpretación del Vino y de la Sal) es puro Chiclana de la Frontera. Que la ciudad de Quiñones sea terruño ligado a la producción de caldos (y a las bellas salinas) no es ningún secreto; hacía falta, sin embargo, realizar una labor de divulgación propia de museos y centros de interpretación. Y qué mejor proyecto que el de este equipamiento municipal, localizado en la Plaza de las Bodegas (en las cercanías del soberbio Mercado de Abastos), una bodega en sí misma que despierta la historia de burgueses y vinateros que hicieron de nuestra ciudad una capital vitivinícola en el Bajo Guadalquivir. El espacio está dividido en tres cuerpos que separan dos arquerías compuestas, a su vez, de ocho arcos de medio punto sobre pilares de hormigón; en suma, 1.122 metros cuadrados de construcción típicamente chiclanera, típicamente del Marco de Jerez, para ser visitada por profesionales del vino, sumilleres y entendidos. Acicate del turismo vinatero en Chiclana, así como deleite de visitantes interesados en la industria salinera, tan gaditana ella.

La sal

3 de sus naves, a la izquierda de la entrada, dedicadas a la sal y las salinas. Las 3 del centro que son transición y hablan de la importancia del mar y el sol y las 3 naves de la derecha dedicadas a la viña y el vino. 3 salas, pues, dedicadas a la sal, con información sobre las explotaciones salineras de Chiclana a lo largo de la historia y en la actualizadad, además de fotografías, recursos audiovisuales y diversas piezas expositivas.

El vino

Cuatro salas dedicadas al vino, en las que se relata con paneles, aperos y fotografías el cultivo de la viña, así como las bodegas de Chiclana con distintos recursos audiovisuales. Además, se muestra la crianza y envejecimiento del fino, el moscatel y otros vinos generosos de Chiclana, incluidos dentro de la DO Jerez.

Una gran sala central dedicada a exposiciones temporales completan el conjunto, una sala introductoria en la que explica la importancia del Sol tanto en la sal como en el vino de la zona, una sala taller para degustaciones y la recepción, donde se podrá adquirir una gran muestra, tanto de sales como de vinos chiclaneros y una serie de recuerdos como catavinos, tazas, esculturas, réplicas de ánforas,…

Completan el recinto una sala de reuniones y in salón de actos con aforo para 100 personas.

La mar como motor del desarrollo

El vino y la sal han sido fundamentales en el desarrollo social, económico y urbanístico de Chiclana desde su origen fenicio pero, especialmente, desde el siglo XVI hasta finales del siglo XX. Fue el vino, la tradición secular de viñas y bodegas, la que justificó que Alfonso XII le otorgara en 1876 el título de “ciudad”. Una Chiclana, entonces, que superaban la 3500 hectáreas de uva Palomino rey y moscatel.

Bien andado el siglo XX, en torno a 1970, la ciudad contaba todavía con unas 80 bodegas y más de 3.000 hectáreas de viñedo. Hoy apenas supera las 200 hectáreas, pero la viticultura sigue siendo canal, familiar e íntimamente ligada a la identidad de Chiclana. Con sus extraordinarios finos y sus afamados moscateles, forma parte de la de Denominación de Origen Jerez-Xerez-Sherry.

La marisma, que en su mayor parte está dentro del Parque Natural de la Bahía de Cádiz, ocupa un tercio de los 203 kilómetros del término municipal de Chiclana. En ellas llegaron a existir, a mediados del siglo XIX, hasta 38 salinas, cinco molinos de marea y el mayor número de tajos de toda la provincia de Cádiz. Apenas quedan unas pocas salinas artesanales, otras han sido reconvertidas en esteros y explotaciones acuícolas, aunque un buen número permanecen abandonadas. El rico ecosistema que conforman el Parque Natural de la Bahía de Cádiz está marcado por la memoria del esplendor Salinero.

La sal de la marisma, el vino de la tierra… Son quehaceres que han unido ecosistemas diversos, mar y tierra, tierra y mar. Que se dan la mano, dada la tradición en la provincia y las características geográficas y geológicas de la propia villa de Chiclana. Generaciones de chiclaneros -y de gentes venidas de otros puntos de Cádiz- dedicaron la totalidad de sus existencias a viñas y bodegas, produciendo vino, vendiéndolo, exportando su producción y dando a conocer nuestro delicioso moscatel al mundo entero; cuando no los esteros de pescado y los tajos salineros.

Las salinas chiclaneras

Lo explica Francisco Javier Lomas Salmonte en su “Historia de Cádiz” (2005): la configuración gaditana debe mucho a “la Mar Océana”, y se refiere particularmente a las salinas, “que constituyen una especie de industria marina”, citando a Juan Manuel Suárez Japón, que describe la casa salinera de la bahía como un “peculiar modo de poblamiento […] sobre este espacio híbrido de tierras y de mares, de canales y caños enteros, sobre esta marisma cuaternaria de la bahía gaditana que a través de un milenario proceso será transformada en los complejos mecanismos productores de la sal”. Hacia 1880, había más de un centenar de salinas en la bahía; durante el primer tercio del siglo XX, el número siguió aumentando, llegando a la “consolidación del monocultivo salinero”.

Chiclana estaba entre los municipios que contaban con salinas en su término municipal (los otros eran Cádiz, San Fernando, Puerto Real y El Puerto de Santa María), y fue la segunda localidad con mayor extensión salinera, después de Puerto Real. Hoy en día hay salinas como la de Santa María de Jesús donde se encuentra el Centro de Recursos Ambientales “Salinas de Chiclana”, centro de visitantes y punto de información que dinamiza este fragmento del Parque Natural Bahía de Cádiz. Se organizan actividades como las del despesque -recogida de peces en almadrabas y esteros de las salinas-, catas de sal acompañadas de vinos chiclaneros (regadas con música, poesía)…

Turismo de la sal y el vino

Así pues, de la actividad económica de la sal hemos pasado a una interesante revitalización del concepto de salina, orientada felizmente hacia el turismo sostenible. Un turismo interesado en cuestiones que tienen que ver con el desarrollo de los pueblos, la industria local, los recursos naturales. En este sentido, el vino y la sal comparten una causa bien interesante. Los caldos de Chiclana son distinguidos, y apuntan a la excelencia en relación con el fino, el moscatel, el amontillado, el oloroso, el cream (compartiendo bondades con la tradición jerezana). Y el Museo del Vino y la Sal está para expresar y comunicar esa tradición común, de tanto arraigo en la villa chiclanera. Para ello, se ha respetado la identidad arquitectónica de la antigua bodega en la que se ha levantado el museo, con un contenido basado en un proyecto museográfico de objetivos precisos: divulgar la riqueza natural, comercial y etnográfica de dos actividades. La vitivinícola y la salinera.

Sala de exposiciones, sala multidisciplinar -para programar eventos y actividades relacionadas con la cultura del vino y la sal-, talleres… Nos sirven para aproximarnos a nuestros vinos de Chiclana, dechados de virtudes por su crianza y tradición; a la actividad salina en los esteros y marismas, que hunde sus raíces en la Antigüedad, sellar la amistad con la viticultura local y darla a conocer a quienes vienen a vernos. Y una vez finalizada la inmersión en el Museo del Vino y la Sal de Chiclana, quizá, realizar una ruta sui géneris en alguna de las salinas abiertas a turistas y visitantes; o en las bodegas y tabernas que siembran la ciudad (para probar el famoso moscatel Gloria de las Bodegas Sanatorio, el fino Palillo de Miguel Guerra, o los finos y blancos de Primitivo Collantes). Es, sin duda, un plan muy apetecible.

Address

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Calle Concepcion, Chiclana

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36.42115129292224, -6.151368100594254

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