“El Museo Marín es uno de los principales atractivos de nuestra ciudad, Chiclana de la Frontera. Estamos encantados de recibirles” (Museo de Muñecas Marín)

Hacernos partícipes de su historia. La historia de una visión, de una creación, de una fábrica, un sueño, un icono, un empeño. El de José Marín Verdugo -más conocido en Chiclana de la Frontera como Pepe Marín-, que desde muy joven trabajó duro por ganarse la vida con aquellas muñecas de trapo que empezó a fabricar, con sus propias manos, en su aventura madrileña. Pues hasta Madrid había marchado este joven aspirante a pintor; lo había hecho desde su Chiclana natal, en busca de fortuna. Pronto volvió a su ciudad para fundar la empresa de su vida: Muñecas Marín, en activo desde 1928 hasta finales de 2014, fecha en la que cerró sus puertas para siempre. Creadora de un producto emblemático, símbolo de España donde quiera que vaya: las muñecas Marín que, vestidas de gitana, formaba parte del decorado de miles de hogares en nuestro país y del extranjero. Si es que lucían encima de los televisores o no es más discutible, a juzgar por Ernesto Marín, el hijo del fundador: “eso es parte de la leyenda urbana”, confesó a Ester Requena en esta entrevista, tras el cierre de la compañía.

A petición propia, Lola Flores llegó a tener diseño propio, inspirado en ella misma. Ataviada con su fabuloso vestido de flecos, abanico en mano, La Faraona quiso inmortalizarse de esa manera, gracias a la inventiva de esta empresa chiclanera. La poderosa gitana, con su bata de cola y su peineta, también bajó del avión con los Beatles, cuando aterrizaron en Madrid en 1965. Aquellas muñecas fueron el souvenir por excelencia en nuestro país, en plena era desarrollista, cuando parecía que el turismo era el gran invento e intentábamos abrirnos a un mundo desconocido para nosotros (sintetizado en la figura del turista), desde lo “típicamente español”. Y ahí estaba ella. Aquella muñeca flamenca.

En 2006, Ernesto y Ana, descendientes del patriarca, seguían produciendo alrededor de 350.000 muñecas. El reinado pertenecía a la más flamenca de todas. La misma que compraban los turistas japoneses, americanos e italianos que recalaban en Barcelona; donde iba a parar un 15% de su producción, escribían Ana María Ortiz y Dani Cordero en este reportaje de El Mundo. “El poderío de la flamenquita como embajadora española ante el mundo quedó claro” en la ceremonia de entrega de premios que la prestigiosa MTV. “Como guiño a España, la organización estableció que el presentador, el rapero Puff Daddy, sacara el nombre de los agraciados de entre las faldas de una muñeca con vestido de faralaes y peineta”, escribieron. Ocurrió en la Barcelona de 2002.

Un Museo de ensueño

El Museo de Muñecas Marín fue inaugurado en 1997 -en el Camino de la Barquilla, en el mismo Polígono Industrial Badenes donde se encontraba la fábrica-, y tenía como objetivo exponer al público todo aquel tesoro creativo que la firma albergaba en el interior de su fábrica-taller. Para empezar, una enorme colección de muñecas hechas a mano que, ya de por sí, constituían un museo del juguete de la posguerra española. Pero no solamente se podían contemplar piezas, nunca mejor dicho, de coleccionista; el espacio contaba con moldes, diseños antiguos y esculturas originales. Para completar la labor divulgativa del espacio, ponían a disposición de los visitantes un audiovisual que servía de guía para conocer en profundidad la vida, obra y milagros de la familia Marín.

Explicar el proceso creativo y productivo que la fábrica de muñecas seguía era otra de las finalidades del Museo. Cuando Marín regresó a Chiclana, y después de que terminara la posguerra, empezó a trabajar también en nuevos materiales como el plástico y la porcelana. Su hija, Ana Marín, se encargaba de diseñar trajes de época personalizados para cada ejemplar. Finalmente, la empresa amplió sus líneas de negocio, dedicándose a nuevos productos: saleros, imanes, portanotas, etcétera.

La afición por las muñecas y los juguetes antiguos lleva a muchas personas a querer conocer, directamente, la colección del Museo de Muñecas Marín. Así lo cuenta este post del Blog de Cositas de Trapo: su autora se muestra muy impresionada por la casa de muñecas que, a escala 1:12, se exhibe en el Museo nada más entrar (las habitantes de la casa, como no podía ser de otra manera, son obra de Ana Marín). Hablamos de una enorme preciosidad, repleta de estancias y piezas únicas que recuerdan las vidas y costumbres del Cádiz decimonónico.

Por otro lado, en el Museo de Muñecas Marín de Chiclana encontramos vitrinas en las que los ejemplares de muñecas permanecen, sonrientes y felices, por doquier: flamenquitas o pertenecientes a las innumerables líneas lanzadas por una compañía casi centenaria. Como si el tiempo no pasara por ellas.

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