Séneca, Maimónides y Averroes -sus espléndidos bustos- son tres piezas del escultor chiclanero José Antonio Barberá. Esculturas que han sido de las últimas en entrar al Museo de Chiclana, importantísimo equipamiento cultural de la ciudad. Tres pilares de la historia de la filosofía que dan lustre al museo ubicado en la Casa Briones de la Plaza Mayor, uno de los edificios más valiosos (dentro de la arquitectura civil de la localidad). Divulgar la historia de Chiclana, así como los aspectos culturales, antropológicos y etnológicos que han tenido que ver en su modulado urbano, es el leitmotiv de su colección permanente; asimismo, programar exposiciones temporales con el objetivo de dar a conocer la obra de creadores de la tierra (como ocurrió con la retrospectiva de Gessa Arias, el “pintor de las flores”). En la primavera de 2015, el Ayuntamiento quiso darle un nuevo impulso al Museo de Chiclana con una campaña virtual, promoviendo la visita entre los jóvenes del museo en las redes sociales, y animando a los vecinos a etiquetarse con un hashtag –#mihistoria– “para formar parte de la historia del Museo de Chiclana”. Participaron, entre otros, artistas como Rancapino o Antoni Gabarre.

Uno de los grandes hitos de este museo fue “Vox Clamantis. Arte e historia en la Iglesia de San Juan Bautista (1814-2014)”, la muestra que celebraba los dos siglos del templo catedralicio de la ciudad. Comisariada por el periodista Juan Carlos Rodríguez, reunió más de 70 piezas procedentes de colecciones particulares e institucionales: imágenes sacras y testimonios fotográficos que ofrecían una idea de un monumento religioso clave, joya del Neoclasicismo gaditano y del patrimonio cultural de Chiclana. Entre el abundante material se encontraban, por ejemplo, tres planos originales -cedidos por la familia Solís-, en los que se podía apreciar la planta del templo, así como su trazado transversal y longitudinal. Se incluyeron igualmente un par de lienzos muy valiosos: la conocidísima obra de Franz Xavier Riedmayer (“El conde de Maule y el pintor Riedmayer ante un paisaje de Chiclana de la Frontera”, de 1806), y retratos como “Obispo pecador”, atribuido de Luca Giordano y titulado “Predicación de San Juan Bautista”.

El conocimiento etnológico -como estudio de las tradiciones y costumbres- está presente en la colección, y ha centrado igualmente numerosas muestras puntuales. Ocurrió en mayo de 2015 con “Ecos de una vida entrañable”, iniciativa que exhibía más de un centenar de objetos de principios del siglo XX (hasta aproximadamente los años cincuenta). Menaje de hogar (útiles de costura, grandes ollas que alimentaban a las familias numerosas de aquella época) y piezas de aseo diario formaban la exposición, planteada como diferentes estancias de una casa (salón, dormitorio, baño, antesala, cocina).

Contenedor cultural de la ciudad

Como espacio cultural, el museo chiclanero posee, también, otras funcionalidades. Al programar actividades independientemente de la muestra que está teniendo lugar en ese momento contribuye a dinamizar la agenda cultural de la ciudad: presentaciones de libros, proyecciones de documentales, lecturas, jornadas, etcétera. Por supuesto sirve también para organizar eventos relacionados con las exposiciones en cartel: para presentar el catálogo, o con motivo de conferencias que completan la temática abordada en ese momento, por ejemplo.

Otro aspecto importante en la vida del Museo de Chiclana es la formación. Talleres como el de arqueología -titulado “Con nuestras manos” e impartido por la arqueóloga Paloma Bueno-, realizados en colaboración con la Escuela Municipal de Artes (EMA) son un ejemplo estupendo de trabajo conjunto de dos instituciones en la localidad. Lo fueron también las jornadas “Emprendiendo en positivo”, en este caso en colaboración con el Centro Europeo de Empresas e Innovación en la Bahía de Cádiz (CEEI). Se han celebrado eventos en la misma línea como La Semana Creativa, en abril de 2015, orientada a la innovación en la economía y la sociedad (con charlas, presentaciones y otras actividades).

La colección permanente del Museo

Ánforas romanas, estatuillas que replican las originales -como la de Melkart, el dios cuyo templo se encontraba en las inmediaciones del Islote de Sancti Petri-, cerámicas del Neolítico, jarras visigodas usadas para libaciones en los ritos funerarios, anafes u hornillos del período medieval, cerámicas de la Edad Moderna, un grabado de José Bonaparte, maquetas de la Batalla de Chiclana… Son algunas de las interesantísimas piezas que pueden verse en la colección permanente del Museo. Colección ordenada cronológicamente, arranca con la Prehistoria y sigue con la Antigüedad, la Edad Media, la Edad Moderna y el período contemporáneo, subdivido en dos categorías: los años napoleónicos y la constitución de la ciudad como tal.

Una de las grandes preocupaciones del espacio es estar muy cerca de la gente chiclanera, de su propia memoria, haciendo Historia. Lo explican así en su propia web: “[…] concebido el recorrido de su exposición permanente como una aproximación a la Historia de la ciudad desde los primeros asentamientos hasta la actualidad, intenta atender por igual a la Historia y a la memoria, incluso a la más entrañable, de su gente. De ahí que, junto al dato de relevancia histórica, ponga también ante nuestros ojos objetos que remiten a la vida cotidiana de quienes, a lo largo de los siglos nos precedieron”. Podría decirse, sin temor a exagerar, que el nuestro es un Museo de lo cotidiano.

Galería de Quiñones

La Fundación Quiñones, dedicada al genial escritor chiclanero, tiene espacio propio en el Museo de Chiclana. Se trata de una serie de galerías donde se funden literatura, arte y vida, como en la propia biografía del autor de “Las Crónicas de Al-Andalus” (1970) o “Las Crónicas Americanas” (1973). La existencia de Fernando Quiñones dio para mucho, y está repleta de intereses y referencias tan dispares como sorprendentes. Conocerle es quererle, y en la sede de la Fundación se afanan en que así sea; por otro lado, enriquece el recorrido del Museo con el que es, sin lugar a dudas, el mayor prodigio que han dado las letras de Chiclana.

Y lo mejor que tiene este Museo, es su entrada de carácter gratuito.

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Plaza Mayor 7, Chiclana

GPS:

36.41765141066396, -6.1465755763581456

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Entrada gratuita