La Casa Briones es un edificio civil situado en la Plaza Mayor, Museo de la Ciudad. Conoce su historia, para que se utiliza, su arquitecto…


“No quieras del mundo ayuda/ porque él no la da, la pide/ y eres tú quien debe dársela./ Perdona a todo. No puede/ con todas las esperanzas tuyas,/ que tú le inventaste. Cuanto nació lucha solo/ por durar y lo suplica/ débilmente, tenazmente” (“No quieras del mundo ayuda”, poema de Fernando Quiñones).

Uno de los grandes hombres de letras de Chiclana de la Frontera. Ése es Fernando Quiñones (1930-1998). La Fundación Fernando Quiñones, que cuida del legado de este sensacional periodista, poeta, narrador, ensayista y dramaturgo, tiene su sede en un edificio que constituye todo un emblema para la ciudad, al igual que el homenajeado. Hablamos de la Casa Briones, residencia burguesa situada enfrente de la popular Torre del Reloj (Arquillo del Reloj), en la Plaza Mayor. Si la fundación del escritor chiclanero ocupa la parte superior, la inferior está destinada a uno de los equipamientos culturales más importantes de la localidad: el propio Museo de Chiclana.

¿Y cuál es el origen de este edificio? Fue la familia Briones, antigua propietaria de la casa, la que habitó este palacete neoclásico durante varias generaciones. Supuestamente había sido diseñado por el arquitecto gaditano Torcuato Cayón de la Vega, si bien hay historiadores que mantienen otra teoría. La obra se debería al discípulo de éste, Torcuato José Benjumeda y Laguada (o por lo menos, el remate del edificio).

Benjumeda, que llegó a ser nombrado académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, bebía de las fuentes del renacimiento clasicista italiano (que en la vertiente andaluza tuvo en el barroco romano de Borromini una de sus grandes influencias). Combinó -como nuestro renacentista Juan de Herrera- piedra y ladrillo, basamentos almohadillados, pilastras sin resalte, recuadros y superposición de arco y dintel. Serlio, quien clasificó los órdenes clásicos en su muy influyente “Tutte l’opere d’architettura et prospettiva” -o “Los siete libros de la arquitectura”, publicado entre 1537 y 1551- inspiró a Herrera en motivos como los frisos amensulados; Benjumeda recogió, por su parte, esta tradición y la actualizó. La euritmia de sus obras tenía como finalidad que ningún elemento pudiera destacar sobre otro: que en el conjunto hubiese armonía.

Casa Briones Chiclana

Casa Briones Chiclana

La Chiclana del primer tercio del siglo XIX fue aquel pueblo en el que Cecilia Böhl de Faber -más conocida como Fernán Caballero, pseudónimo masculino con el que firmaba sus obras- pasó largas temporadas, escribiendo incluso algunas de sus obras más conocidas. Entre ellas “No transige la conciencia”, en la que realiza una cuidada descripción del paisaje chiclanero, así como de su lugar de residencia por aquel entonces.  Pero Cecilia no vivió en la Casa Briones.

Quien sí lo hizo fue su propio arquitecto -el citado Benjumeda-, durante muchos años, además. Se trataba de una vivienda ciertamente práctica: el arquitecto trabajaba en el proyecto de la iglesia de San Juan Bautista, que se encontraba muy cerca de la casa, donde vivió hasta su muerte, en 1836. Tres años antes había fallecido -en octubre-, Fernando VII, al tiempo que un joven poeta chiclanero partía de la villa hasta la capital. Iba caminando, en busca de fama literaria… Se trataba de Antonio García Gutiérrez. Lo cuenta José Luis Aragón Panés en su “Breve historia de Chiclana” (2011).

Volviendo a la Casa Briones, ésta se ubica en las proximidades de la iglesia de San Juan Bautista (un emplazamiento arquitectónicamente bastante interesante), y lo cierto es que posee bastante profundidad (poca fachada y una planta alargada de forma más bien rectangular). Consta de tres plantas de altura y debe su planteamiento al movimiento neoclásico que imperó en la zona de la Bahía de Cádiz durante el último tercio del siglo XVIII, época de la que aproximadamente data la construcción. Otras casas de la burguesía chiclanera se corresponden con este período, tal y como apuntan Manuel Meléndez Butrón y Francisco Javier Yeste Sigüenza en “Calles y plazas de Chiclana de la Frontera (Nomenclatura histórica desde 1700)”. Abundan las ménsulas, los frontis triangulares y las pilastras almohadilladas, entre otros elementos.

La incipiente burguesía y los aires liberales de la población gaditana dieron sus frutos en forma de exponentes arquitectónicos neoclásicos. A finales del siglo XVIII, las transformaciones en los modelos políticos y económicos iban a ir gestando nuevos modelos sociedad, aparte de crear una gran convulsión política y militar. El llamado Antiguo Régimen, el absolutismo, tenía en Europa sus días contados: el ideal de la Ilustración empezaba a defender sociedades más justas e igualitarias, donde el conocimiento debía estar basado en la razón. La respuesta -formal y moralmente- de las artes al barroco y sus excesos fue el rescate del clasicismo. Un ‘back to basics’ en el que las civilizaciones antiguas, y en particular la cultura grecorromana, se convirtieron en referentes fundamentales. Aunque en última instancia, era lo griego lo que causaba mayor admiración en el mundo neoclásico.

Por qué visitar la Casa Briones

Quien visita Chiclana, ha de pasar necesariamente por la Plaza Mayor. Un clásico en cualquier pueblo, sin duda. Aunque en el caso particular chiclanero, son muy destacables los ejemplos del Neoclasicismo situados en su perímetro… Uno es San Juan Bautista, hogar del patrón de Chiclana -que ocupa, desde 1778, el terreno de lo que habría sido la plaza original, cuentan Meléndez Butrón y Yeste Sigüenza en su libro-. Otro sería la Torre del Reloj. Y un tercero es, claro está, la Casa Briones. Además de su valor patrimonial, este edificio está viviendo una especie de “segunda juventud” como sede cultural. En el Museo de Chiclana, el visitante -sea andaluz, nacional o foráneo-, tiene la ocasión de conocer en profundidad la historia cultural y antropológica de la ciudad. Sus usos y costumbres, con el grueso de la colección centrado en la sección etnológica. Hay, dentro de este contenedor cultural, un muy interesante lote de muñecas, enseres y maquinarias procedente del Museo Marín.

El legado de Quiñones

Séneca, Maimónides y Averroes (o más bien sus bustos) adornan los interiores de este edificio, cuya remodelación tuvo lugar entre 2004 y 2006. La Casa Briones alberga la sede de la fundación que gestiona el legado artístico y literario de Fernando Quiñones. Así, en 2009, la colección del conocido autor chiclanero viajó desde Madrid a la localidad natal del escritor, que tuvo a bien reunir a lo largo de su vida libros y piezas de arte, fundamentalmente. Una biblioteca compuesta por más de 1.800 títulos, además de una pequeña colección de arte (de casi un centenar de obras) eran su patrimonio personal, y cultural. Dibujos-grabados y poemas que narran la amistad entre Quiñones y Rafael Alberti, muestras de arte precolombino, escultura, pintura o cerámicas firmadas, en este caso, por Nadia Consolani (artista ceramista, poeta y traductora italiana que se casó con Quiñones en 1959)… Componen el grueso de esta interesante colección.

La principal misión de la fundación es recordar la intensísima labor literaria, poética e investigadora de Quiñones, enorme divulgador del flamenco (al que dedicó ingentes escritos y programas de televisión, especialmente para Televisión Española). Tanto es así que el flamenco, junto con el sur, la tauromaquia y el cine serían sus temas predilectos. De esta manera, la sede de la Casa Briones se abre como un excelente espacio de estudio de la obra de este importante autor a través de talleres, conferencias, lecturas, etcétera. Lo que incluye las famosas rutas primaverales organizadas por los numerosos seguidores del escritor y periodista chiclanero. Viajero impenitente, trabajó en publicaciones como el Reader’s Digest y obtuvo importantísimos reconocimientos, como el Premio Adonais en 1957 o el Premio Café Gijón en 1990. Borges, el escritor argentino, fue mentor suyo. También obtuvo la bendición de escritores tan relevantes como Bioy Casares, Dámaso Alonso, Luis Rosales o José Hierro.

En vísperas de su muerte, la Universidad de Cádiz nombró Doctor Honoris Causa al responsable de obras como “Cercanía de la Gracia” -escrita en los años cincuenta-, “Las crónicas de Al-Andalus” (1970), “Las crónicas americanas” (1973), “Doce relatos andaluces” (1989), “Legionaria” (1992) y “El coro a dos voces” (1997). Este último, considerado por la crítica especializada uno de sus mejores libros.

La Plaza Mayor, el entorno

La Casa Briones se halla en un lugar -la Plaza Mayor- que en los siglos XVIII y XIX fue el centro neurálgico de Chiclana. Desde el siglo XV, la plaza había estado rodeada por las Casas Consistoriales y la cárcel. Iniciado el siglo XVIII, y dado el crecimiento económico del momento, la naciente burguesía eligió este sitio para instalarse en casas y palacetes. Se trataba de un espacio público “en el que se celebraban, no sólo fiestas sacras […] como hemos señalado, desde el siglo XVI ya existía una primera iglesia en la que se veneraba a San Juan Bautista y de la que se conserva un retablo del altar mayor construido por el maestro Roque Balduque en 1552, sino fiestas profanas como corridas de toros”, escriben Meléndez Butrón y Yeste Sigüenza. Sin embargo, cuando la población de Chiclana -ya en el siglo XX- comenzó su expansión hacia la zona baja de la ciudad, la plaza dejó de ser tan transitada.

La recuperación de la Plaza Mayor, en el arranque del siglo XXI, es una realidad. La restauración de la propia Casa Briones, o la actuación que entre 1986 y 1990 se llevó a cabo sobre el templo de San Juan Bautista son prueba de ello. Plaza pública, Plaza de la Libertad, Plaza Garibaldi, Plaza San Juan Bautista e incluso Plaza Pablo Iglesias son algunas de las denominaciones que ha tenido este enclave chiclanero a lo largo de los tiempos. Actualmente, vuelve a llamarse Plaza Mayor. Un lugar imprescindible para hacer turismo en Chiclana, con ejemplos de arquitectura civil y religiosa como la iglesia de San Juan Bautista. Y la hermosa Casa Briones, por supuesto.

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Plaza Mayor, 7, Chiclana de la Frontera

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36.41757577437022, -6.146486791803454

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