“No todos son, como Zaratustra, bebedores natos de agua. Además, el agua no les conviene a los cansados y mustios: a nosotros nos corresponde el vino, ¡sólo él proporciona curación instantánea y salud repentina” (“Así habló Zaratustra”, Friedrich Nietzsche).


El Sanatorio ­como lo conocemos los chiclaneros, y los chiclaneros “de fuera” igualmente­ es una institución en la ciudad. En marzo de 2015, la popular bodega de Chiclana de la Frontera recogió en Brenes (Sevilla) un importante premio: el Al Andalus de Gastronomía 2015 correspondiente a la categoría de Mejor Bodega de Andalucía, concedido por la Federación Andaluza de Cofradías Vínicas y Gastronómicas (Fecoan). Se trata de una de las bodegas con más solera de la tierra, y sus comienzos datan de 1795. Fue el mismo año en el que los ‘sans­culotte’ se levantaron en París, un 1 de abril, a causa del hambre (siendo decisivos en los acontecimientos de la Revolución Francesa). En aquella época, Pedro Aragón Morales, fundador del Sanatorio, se dedicaba a seguir la tradición familiar. Había abierto un pequeño lagar, así como una bodega, en el llamado Callejón de Jerez. Allí vendía a las pequeñas tabernas de Chiclana, o directamente al público, su producción.

El hijo de Aragón -­Juan Aragón Ramos­- continuó con la compañía paterna. Amplió parte de la solera, eso sí, sin modificar el modelo de negocio; vendiendo lo que producía, incluyendo a aquellos jornaleros que marchaban hacia viñas cercanas a trabajar. Pasada una generación ya se empezaron a producir cambios: Diego Aragón Periñán (quien vino al mundo un siglo prácticamente después de que se abriera la bodega) compró una finca en la calle Olivo, y más viñas. Su cuantiosa prole (10 hijos llegó a tener) contribuyó al empuje de una casa cuya estirpe siguió de la mano de Manuel S. Aragón Baizán, ya a principios del siglo XX. Manuel puso los cimientos de la empresa tal y como la conocemos hoy.

Hablamos de una bodega que cuenta con espacios tan interesantes como la Nave de los Poetas, consagrada al poeta y dramaturgo chiclanero Antonio García Gutiérrez. En 2013 – ­año en el que se celebró el bicentenario del autor de “El Trovador”­- El Sanatorio creó un vino que homenajeó al genial autor: “Es un vino que entra muy bien, con un color caoba típico de los vinos viejos y un aroma a roble viejo y a vino antiguo”, dijo por aquel entonces Sebastián Aragón, enólogo de la conocida bodega (y a la sazón, gerente). Es lo que pasa con la cultura vitivinícola: moderna como ella sola, siempre está en constante evolución.

La Bodega Manuel Aragón – ­El Sanatorio­ – lleva décadas instalada en el denominado Marco de Jerez, y obtuvo una fama, por mediación de sus caldos, que perdura hasta hoy. Difícilmente encontraremos a alguien que haya pasado por Chiclana y no haya probado los vinos del Sanatorio. Se dice que se sabe cuándo se entra, no cuando se sale. Es lo que tiene el poder de Baco… Ya sea con vino fino, oloroso, moscatel o amontillado; blanco, rosado o tinto ecológico. Difícilmente se puede rechazar.

Vinos sanadores

¿Y cuáles son los vinos del Sanatorio? Aquí va una lista de antídotos. Los que la familia Aragón lleva produciendo desde hace más de un siglo: caldos como el Fino Granero o el dulce Moscatel Gloria, basado en la uva moscatel de Alejandría (de color amarillo oro pálido, con aromas florales que dejan notas cítricas y dulzonas en la boca). O el Viejo Arrumbao, cream altas graduaciones ­alcanza un 17%­, cuyo dulzor equilibrado deja un regusto a turrón y caramelo. Aunque el producto estrella de la casa es el Manuel Aragón Sauvignon Blanc, vino blanco de tierras gaditanas y origen francés: no en vano, está basado en la popular Sauvignon Blanc, uva aristocrática donde las haya. Su cosecha es limitada, como manda la tradición de esta variedad (la más fina de las cepas blancas, dicen los entendidos, después las Chardonnay). De color amarillo verdoso, sugiere aromas herbáceos que recuerdan a heno recién cortado, mango y miel; su potencia aromática y acidez lo convierten en un vino amado casi por cualquier paladar.

En la categoría de tintos, la Bodega Sanatorio cuenta en su valorado catálogo con caldos como el Manuel Aragón Tinto. Cuatro son los meses de crianza, en roble francés y americano. El resultado, un caldo color rojo cereza con ribetes tejas: frutal para el olfato, en armonía con aromas tostados y especiados (como la vainilla y el clavo), trago con cuerpo para la boca. Otros productos de esta bodega de Chiclana son el Amontillado El Neto -­ vino seco, con una entrada en boca amable-­, el Oloroso Tío Alejandro, penetrante y denso, y el Manuel Aragón Rosado, agradable y fresco.

Visitas guiadas

Una de las grandes experiencias ­imperdibles, y a un precio incomparable­ si se está de turismo en Chiclana es tomar parte en una visita guiada en El Sanatorio: para ver las viñas, pasar por la bodega y conocer el proceso de embotellado. A gusto del visitante, la cita puede incluir vinos… Y tapas (cosa altamente recomendable; nadie puede irse de aquí sin probar las chacinas y embutidos chiclaneros). Eso sí, para comer, las visitas guiadas organizadas se constituyen en grupos de un mínimo de 25 personas. Se habla inglés y alemán, amén de español claro.

Address

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Calle Olivo 1 y Autovía Cádiz-Málaga Chiclana (Cádiz)

GPS:

36.42151626654793, -6.142363756934628

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