Balneario de Brake: Conoce la conocida edificación chiclanera de la calle Hormaza, su historia, para que se construyó, para que se usa en la actualidad…


“Chiclana, 1800.
El Cabildo pide que se celebre una función del Tedeum en acción de gracias al remitir los fallecimientos que llegaron a ser de más de 50 diarios a tan solo uno, por causa de la fiebre amarilla que viene padeciendo la Villa”.

José Verdugo -conocido radiofonista chiclanero que estuvo al frente del programa “Cosas de Chiclana”-, reunió en “Chiclana en el día a día” (2004) los aconteceres de la ciudad durante 700 años, recopilando episodios tan luctuosos como el de la “epidemia grande” de peste amarilla de principios del siglo XIX. El pueblo de Chiclana de la Frontera acababa de pasar por un momento ciertamente crítico: la enfermedad contagiosa había diezmado la población, hasta el punto de llevarse por delante a más de 1.200 almas. Fue en el año 1800, y lo cierto es que tuvo que pasar un tiempo prudencial para superar aquella situación, terrible. Así tenía que ser, teniendo en cuenta el propio himno chiclanero: “Salve / salve Chiclana / pueblo potente / pueblo animoso / jamás vencido por el dolor…”. Había que levantarse y seguir el curso de un siglo que trajo consigo acontecimientos históricos que sellaron el futuro de la villa gaditana. La diversificación de la economía habría de experimentar durante estos decenios un progreso que desembocó -ya en el siglo siguiente- en la importantísima industria atunera.

Balneario de Brake

Balneario de Brake

Sin embargo, la actividad económica chiclanera se vio influida, igualmente, por otro tipo de recursos naturales: por un lado las salinas (cuya explotación experimentó gran auge) y por otro la explotación de las aguas termales. Es aquí donde entran en acción los balnearios de Chiclana, Fuente Amarga y Brake -el balneario de Brake, la futura Casa Brake-. El origen de este último balneario es un tanto curioso. Al menos el de su fundadora, una tal Madame Lini, cuya historia han tenido a bien recoger Paco Montiel y Tomás Gutier en “Las memorias del abuelo Chano. Cien años de la vida de Chiclana”. Gaditana de antepasados franceses, Lini construyó en el primer tercio del siglo XIX un edificio magnífico para aprovechar las piletas que el mayordomo del Conde del Pinar -dueño de la otra casa de baños, Fuente Amarga- había decidido destruir.

Pero la audaz Lini se animó a crear una casa de baños por otro motivo más: el hecho de que en aquel terreno hubiese aguas mineromedicinales que se podían obtener del llamado Pozo de Brake (bautizado así por el nombre de su dueño, el eclesiástico don Guillermo Brake). Según Manuel Meléndez Butrón y Francisco Javier Yeste Sigüenza, autores de “Calles y plazas de Chiclana de la Frontera (Nomenclatura histórica desde 1700)”*, la gaditana se gastó gran parte de sus posibles en poner en marcha el balneario, que a la postre sería un auténtico palacete. Es más, la casa de Brake era generosa en comodidades y lujos para la época.

La parte alta de la calle Hormaza -en el barrio de la Imagen, donde se asentaron algunas de las familias pudientes chiclaneras- fue el lugar elegido para levantar la casa de Brake, a la que aquella dama emprendedora destinó una considerable inversión. Dos plantas en las que se repartían nada menos que 34 baños, abundantes en mármol, con sus correspondientes grifos de agua fría y caldeada. Allí colocó las piletas desechadas por el empleado del conde, en las que podrían tomar sus baños relajantes quienes acudiesen a la casa. Las vicisitudes del balneario, a posteriori, han sido muy diferentes. Fue sanatorio antituberculoso durante un tiempo (hasta que este centro fue trasladado a Puerto Real, según cuentan Montiel y Gutier), escuela parvulario, Conservatorio de Música, hogar para familias sin recursos…

La Casa Brake cultural

Actualmente, la Casa Brake sigue destinando parte de sus instalaciones al Conservatorio -instalado allí desde 1990-, si bien la remodelación en 2012 ha ampliado sus funciones como espacio de la Delegación Municipal de Juventud, sede de las Escuelas-Taller, Casa de las Artes (que acoge también la oficina del Ateneo de Chiclana), amén de la Biblioteca Dionisio Montero, que cuenta con abundante documentación y bibliografía a disposición de los usuarios. La espléndida arquitectura del edificio, de 2.000 metros cuadrados, ha quedado patente tras su restauración, que ha permitido rescatar la estructura original del sitio, la belleza de la columnata (hecha a base de la piedra ostionera obtenida en Sancti Petri), así como sus magníficas puertas de piedra.

Por lo demás, una de las mayores particularidades del edificio -además de sus balcones enrejados, tan característicos- es que se halla por encima del nivel de la calle, de ahí los cuatro accesos en pendiente que posee. Popularmente se le ha conocido durante años como “El Sanatorio” -no en vano, por su excepcional iluminación inspiró el nombre de la conocidísima bodega chiclanera-. Aunque también es de justicia recordar que llegó a ser uno de los mejores balnearios del sur de Europa.

Balnearios y turismo de salud

Ya desde la segunda mitad del siglo XVIII había empezado a desarrollarse un gran interés social y económico por los baños. Su consecuencia inmediata había sido la hidrología médica, que a partir de 1816 sería clave en el estudio del carácter médico de las aguas minerales, y en la vertiente sanitaria de los balnearios. Lo que acarreó, por otro lado, no pocos choques con la faceta lúdico-turística de los baños (que entre sí competían por recibir el mayor número de visitantes). En 1793 ya había sido publicado en el tratado de Juan de Dios Ayuda, con el título de “Examen de las aguas medicinales de más nombre que hay en las Andalucías”. Analizaba la situación -entre otras-, de diversas fuentes y baños, sus beneficios y la manera en que habían de ser gestionados.

El mismísimo Fernando VII, animado por los médicos de su entorno, era aficionado a los balnearios. El número de establecimientos de este tipo no dejó de crecer en nuestro país a lo largo del siglo, hasta 1883. Se produjo una “medicalización” de los baños, a través del análisis químico de las aguas. Nació, asimismo, la hidroterapia como conjunto de técnicas hídricas que utilizaban la presión y la temperatura para sacar partido a las aguas, además de la talasoterapia. El baño de mar sería un duro competidor para la terapia balnearia.

Las estancias estivales eran un hábito habitual decimonónico. La pujante burguesía abrazaba, así, un ocio relacionado con la salud asociado tanto a las playas y el litoral como a las casas de baños. En este sentido, lugares como el balneario Brake, en Chiclana, fueron punto de reunión de familias que aprovechaban su tiempo libre para tratar enfermedades o prevenirlas, incluso. Los médicos de entonces se dedicaban a prescribir unos u otros balnearios a sus pacientes; de esta manera, el balneario chiclanero gozó de gran preferencia (con permiso del de Fuente Amarga, que estaba al mismo nivel de popularidad). Primitivo centro “turístico” que atraía a los usuarios por sus aguas medicinales, el edificio Brake ha sido y sigue siendo -probablemente- el más importante del siglo XIX en Chiclana.

*Toda la bibliografía citada ha sido editada por la Fundación Vipren

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