standard-title Los siglos XVI y XVII En el siglo XVI, el comercio de España con América, y el XVII, con varias crisis agrícolas y la peste, marcaron la historia de Chiclana

Los siglos XVI y XVII

En el siglo XVI, el comercio de España con América, y el XVII, con varias crisis agrícolas y la peste, marcaron la historia de Chiclana

La lenta repoblación de Chiclana de la Frontera -con sus ruinas e inestabilidades- definió el siglo XV. Esta centuria y la siguiente cerraron, definitivamente, el proceso de configuración de la ciudad. Antes, en la segunda mitad del siglo XV, según el relato de José Luis Aragón Panés en su “Breve historia de Chiclana” (2011), surgieron nuevas figuras en forma de viajeros. ¿Y quienes formaban esta población de paso? Se trataba de otros gaditanos, principalmente: entre ellos, soldados. Juan Alonso Pérez de Guzmán (1410-1468), primer duque de Medina Sidonia, trató de sacarle provecho a este tránsito. La casa ducal poseía derechos sobre el pasaje de la barca de Sancti Petri, de manera que al noble se le ocurrió ofrecer un servicio de mesón y posada en 1459 para aquellos que iban del Caño de Sancti Petri hasta Cádiz. Aquel privilegio no fue cuestionado hasta 1577. Dichos derechos fueron puestos en duda bajo pleito, pero la concesión no cambió de manos (la mismísima Real Chancillería de Granada se encargó de dar la razón al poderoso linaje). Por otro lado, según el testimonio del marqués de Santa Cruz, se trataba de la misma casa de Medina Sidonia que negaba permiso para poblar la villa a los pescadores venidos desde el Puente Zuazo.

A mediados del siglo XV, el mundo había empezado a cambiar. La Antigüedad estaba quedando definitivamente atrás. Constantinopla sucumbió a manos de los turcos en 1453: sus exiliados, deudores de Bizancio, contribuyeron sobremanera al desarrollo del pensamiento humanista, y al Renacimiento italiano. Poco antes, había hecho su aparición la imprenta, de la mano de Johannes Gutenberg (1440), que proporcionó a la humanidad la increíble posibilidad de reproducir y difundir saberes y conocimientos. En 1492 se produjo el Descubrimiento de América: el planeta ampliaba, definitivamente, sus confines.

Fue época de descubrimientos, exploraciones y grandes viajes: el arranque de la colonización, la prehistoria de la globalización como la entendemos hoy. Así pues, la Edad Moderna -acusada actualmente de eurocéntrica, por otro lado: muchos tildan esta denominación de occidental y europea- había llegado. Según las historiografías de influencia gala, la Revolución Francesa de 1789 sería el final de esta Edad Moderna que acababa de arrancar. Y el inicio de la era contemporánea.

Concejo de Chiclana

A principios del siglo XVI, los Medina Sidonia estaban por mejorar las vidas de los vecinos de la aldea chiclanera (haciéndoles pagar menos impuestos y facilitando el acceso a recursos básicos como agua, pastos, etcétera). En 1508, aquellas ventajas atraían a familias del entorno más inmediato (de Medina Sidonia y Jerez, señala Aragón Panés). Entre los primeros apellidos de los que queda constancia, según el autor chiclanero, hay algunos como Sandubete (en referencia a una familia de leñadores-carboneros que serían de los primeros pobladores modernos). Eso sí, en las últimas décadas de esta centuria, el 25,58 por ciento de los contrayentes eran foráneos. La mayoría procedía de la propia provincia, o de la región andaluza (había gentes de origen extremeño, así como oriundos del norte peninsular).

Alonso Pérez de Guzmán Sotomayor -a la sazón VII duque de Medina Sidonia- mandó hacer un nuevo padrón en 1568 que abarcara todos sus territorios, incluida nuestra villa. La idea era fiscalizar ciudades y aldeas, además de realizar el “repartimiento de lanzas” (las lanzas eran un pago que grandes y nobles hacían a la Corona para suplir los soldados con que debían asistirle en campaña); este reparto se efectuaba en función del número de vecinos que pasaban de una renta anual. Nos referimos a los llamados “caballeros cuantiosos”, dotadores de material para la guerra (caballería, armas), al tiempo individuos privilegiados. En 1569, Chiclana tenía 2.450 habitantes: conforme al padrón y por orden del duque, le tocaba aportar 80 lanzas -o “caballeros cuantiosos”- para participar en la guerra de Granada, por ejemplo. Por otro lado, la creación de un Concejo, a iniciativa ducal, selló el carácter de villa tal y como lo entendemos hoy.

El Castillo de Lirio, cuya máxima autoridad era el alcalde, centró el núcleo de la aldea, que a posteriori iba a ir creciendo en sus inmediaciones hasta alcanzar, a mediados del siglo XVI, lo que ahora sería la Plaza Mayor del pueblo. El Corpus Christi, organizado por la cofradía que rendía culto al Santísimo Sacramento, era la festividad más solemne e importante de una villa en la que había ya más de una cofradía (como era el caso de la asistencial de San Martín). Familias sin título nobiliario -privilegio que solamente correspondía a la casa de Medina Sidonia- constituían las oligarquías en ciernes: bien autóctonas (los Molina, los Vándalo, los Olmedo Hormaza), o bien gaditanas (Rabasquiero, Presenti). El comercio de ultramar fue decisivo para nuestra tierra, dada la cercanía de Cádiz. Fue el perfecto dinamizador de una economía basada en el vino, los productos de la huerta y la grana usada para teñir textiles (de ahí lo de “Chiclana la grana”).

En el caso del vino -al igual que había ocurrido en la Antigüedad- se trataba del producto más demandado en dirección a las Indias. El destino final era el Nueva Mundo, sí, y la propia travesía: por aquello de las necesidades de los marineros que formaban la tripulación de carabelas y galeones. No pocos eran quienes decidían emprender -¡nunca mejor dicho!- tamaña aventura; la de marchar hacia aquellas tierras americanas, la Tierra Prometida de aquel siglo (y los siguientes; incluso hoy, a pesar de las restricciones). En el último tercio del siglo XVI, el negocio del vino experimentó una gran evolución: el Concejo solicitó plantar más viñedos, mientras el mercadeo exportaba la producción “a las Indias del Mar, Flandes, Francia y Portugal”, explica Aragón Panés.

Indianos chiclaneros

Fue en 1512 cuando Antonio y Diego Torres, dos hermanos de Chiclana, viajaron al otro lado del océano, según José Garmendia. Aragón Panés cita como fuente el estudio de Francisco Basallote  centrado en los documentos de los Pasajeros a Indias de Chiclana durante los siglos XVI, XVII y XVIII para confirmar la meta de los primeros en partir: la isla de La Española (actualmente dividida entre dos estados, Haití y la República Dominicana). Basallote, estudioso del Archivo de Indias sobre Pasajeros a Indias, se ha especializado en los emigrantes procedentes de la Comarca de la Janda. Hacia 1600, el número de emigrantes españoles que viajaban a las Indias rondaba los 200.000; el siglo anterior, andaluces y extremeños habían liderado las emigraciones, con un 39,6 y un 16,6 por ciento de pasajeros de estas comunidades, respectivamente.

Uno de ellos fue el capitán Francisco Pacheco Jiménez, natural de Chiclana según algunas crónicas, y fundador de la ciudad ecuatoriana de Portoviejo en 1535. Otros paisanos se unirán a la colonización del Río de la Plata (tras la expedición del jerezano Alvar Núñez Cabeza de Vaca, gobernador de la provincia argentina desde 1537). Más adelante, los primeros cargadores de Indias afincados en Cádiz empezaron a fijarse en la villa de Chiclana, que no solo crecía demográficamente: también como ciudad. Rústica y señorial, llamó la atención de los nuevos potentados. Sería el principio de Chiclana como ciudad de descanso.

Siglo XVII, siglo convulso

Las ventajas fiscales ofrecidas por los duques en el siglo XVI contribuyeron al crecimiento de la población, que experimentó un nuevo -e importante- bache en el siglo XVII: una sucesión de crisis agrícolas (con un 36 por ciento de cosechas malas o catastróficas como media secular), unidas a epidemias (entre distintos períodos de años: empezando por la peste negra, desde 1570, y en distintos períodos, hasta 1651) y a conflictos militares, causaron un descenso relativo de la densidad demográfica. El estamento militar -cuenta Aragón Panés en su libro- estaba compuesto por un cuerpo de milicias concejiles que servían al duque, protegían la ciudad y formaba parte de la defensa de la bahía gaditana (en 1625 participaron en la campaña para repeler a la Armada del conde de Essex). En 1641 tuvieron una nueva oportunidad de servir a la casa ducal, en este caso para combatir contra otro noble del país vecino: Juan II de Braganza, rey de Portugal y esposo de la hermana del duque de Medina Sidonia, Luisa de Guzmán.

Se trata, sin embargo, de un episodio belicoso que formó parte de la conspiración andaluza contra Felipe IV, protagonizada aquel año por Gaspar Alonso Pérez de Guzmán (IX duque de Medina Sidonia) y su primo Francisco Manuel Silvestre de Guzmán (el VI marqués de Ayamonte); rebelión secesionista que se saldó con la ejecución del segundo, a modo ejemplarizante. La versión tradicional dice que con esta jugada, los Guzmanes trataban de aumentar su poder con un hipotético reino de Andalucía separado de Castilla: lo que había sido una campaña que pretendía derrocar al duque de Braganza (el monarca portugués), en realidad escondía otros planes por parte de los Medina Sidonia. Las finanzas del duque no pasaban por su mejor momento y la mayor parte de su patrimonio estaba hipotecado.

Sin embargo, la XXI duquesa de la casa -Isabel Álvarez de Toledo-, lanzó en vida una teoría propia: según ella, la conspiración de Andalucía no existió, fue fruto de un montaje orquestado por el conde-duque de Olivares. El valido del rey sentía envidia por el duque de la casa Medina Sidonia, según la historiadora. Lo cierto es que en el siglo XVII, si bien la casa ducal seguía manteniendo amplios derechos y privilegios, ya no era la principal propietaria de las tierras (en el caso de Chiclana).

Hacia la prosperidad

Las transformaciones socioeconómicas, así como las diversas crisis, afectaron no poco a la aristocracia, que veía cómo la burguesía incipiente empezaba a adquirir un protagonismo cada vez mayor gracias a instituciones como la Casa de Contratación -máximo órgano gestor de los asuntos relacionados con las Indias-, que controlaba el comercio con América. El traslado de la Cabecera de la Flota de Indias a la capital gaditana, en 1680, “incrementó el trasiego de mercancías y hombres que buscaban hacer fortuna con el comercio de las Indias, señala Aragón Panés. Uno de ellos fue Bernardino de Valenzuela Ojeda. Este paisano nuestro partió en 1692 hacia Nueva España, la actual México; pocos años más tarde lo hacía Marcos del Hierro, personaje muy relevante en la historia de Chiclana.

Era la época de aquel “monopolio jurídicamente hispano, pero geográficamente andaluz, asentado en el triángulo Sevilla-Sanlúcar-Cádiz”, explica José María Oliva Melgar en “El monopolio de Indias en el siglo XVII y la economía andaluza : la oportunidad que nunca existió” (2004). Hacia finales del siglo XVII llegaron años de paz donde el impulso comercial gaditano influyó positivamente en nuestra villa, especialmente a partir de la década de los ochenta. Aragón Panés escribe que “mientras tanto, el Concejo ordenaba nuevos repartimientos de tierra baldía para el cultivo de viñas, olivos, huertas y plantación de pinares. Como fruto de ello se produjo el aumento y predominio del minifundio y la aparición de lo que más tarde se llamó la mayetería”. Típica del mayeto, o viñador de escaso caudal.

El autor chiclanero puntualiza, no obstante, que el Concejo se convertiría en el mayor propietario de las tierras, directa o indirectamente. Por otro lado, los afincados en la villa -algunos de ellos, indianos importantes- fueron quienes coparon el reparto de tierras (junto a los cargos municipales), en detrimento de la población local. Ahí estaban nombres como el de Álvaro Vidal (teniente corregidor), Luis Pérez Valenzuela (marqués de Campo Real), Marcos del Hierro (futuro conde del Pinar) y José Álvarez de la Campana.

Comments (1)

  1. MANUEL CARLOS ORDÁS.

    Le agradecería enormemente me dijese quiénes fueron los propietarios de la casa cuya bella fachada con escudo de armas está a la espalda del Centro de Salud El Lugar, donde existe un aparcamiento que da a la calle Liñán. Debió de tratarse de una gran casa, a juzgar por lo conservado.
    Un cordial saludo.

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