standard-title La Prehistoria Reciente de Chiclana Prehistoria reciente de Chiclana de la Frontera: Yacimientos de la Loma del Puerco, La Mesa y La Esparragosa, Arroyo Galindo, Loma del Lentiscar, Cerro del Moro

La Prehistoria Reciente de Chiclana

Prehistoria reciente de Chiclana de la Frontera: Yacimientos de la Loma del Puerco, La Mesa y La Esparragosa, Arroyo Galindo, Loma del Lentiscar, Cerro del Moro

La Prehistoria Reciente de Chiclana parte de tiempos altamente remotos. Para aproximarnos a ella, hemos seguido el estudio de Eduardo Vijande Vila (“Prehistoria reciente de Chiclana de la Frontera. Aportación al conocimiento de las formaciones sociales­tribales y clasistas iniciales en el marco de la banda atlántica gaditana”, publicado en 2006). Además de los yacimientos de la Loma del Puerco, La Mesa y La Esparragosa, se han realizado prospecciones en las que se han obtenido productos arqueológicos: en Arroyo Galindo, Loma del Lentiscar I, Cerro del Moro -­ubicado entre Las Mesas y El Berrueco-­, la Casa de La Esparragosilla, La Nava, Cerro de la Naveta, Arroyo de la Cueva, Camino de los Marchantes II y Casa del Pinto I y II. Pero empecemos por el principio de nuestros tiempos prehistóricos…

Desde el Paleolítico Inferior (1.000.000­200.000 a.C.) se tiene constancia de presencia en nuestra tierra: la ocupación del achelense, el estadio cultural de este período, se ha constatado en las formaciones de las terrazas del río Iro, así como en medios litorales. Pequeñas aldeas que llevan actualmente por nombre La Mesa y La Esparragosa fueron enclaves donde florecieron nuevas formas de producción agraria en el Neolítico (entre 10.000 y 4.000 a.C.), que ya en su estadio final se caracterizó por el aumento de la población; es entonces, en el calcolítico ­-cuando se desarrollan las culturas del período eneolítico, es decir, en plena transición entre la Edad de la Piedra pulimentada y la del Bronce-­, un momento en el que hay que mirar hacia La Nava o El Fontanal (este último, hallazgo de menor entidad, reúne unos silos calcolíticos encontrados en 1989).

Hay, eso sí, un gran vacío poblacional desde el Paleolítico Superior hasta el Neolítico; la llamada “revolución neolítica”, que arranca en el VIIo milenio a.n.e. (antes de nuestra era), es un período muy desconocido en el sur. No así la Edad del Cobre (4.000­2.200 a.C.), que se caracterizó por sus poblados de mayor dimensión, con asentamientos en Las Lagunetas y El Castillo (este último, junto con la Torre del Puerco, ha dejado restos arqueológicos que evidencian la prehistoria de la Edad de Bronce (2.200­1.000 a.C.) chiclanera, donde el contexto de la economía productiva y la diversificación de los trabajos vendrá acompañado de dos importantísimos descubrimientos: la rueda y el arado.

Arqueología social

Nuestros primeros pobladores fueron cazadores­recolectores. Se trata de un estadio en el que aún no se dispone de tecnología suficiente para transformar y dominar, socialmente y mediante el trabajo, la naturaleza; en este sentido, la tecnología lítica -­es decir, sustentada en la piedra-­ va a ser fundamental en la evolución. Además del medio natural (y a pesar de la hostilidad de éste), nuestros ancestros se apoyarán en valores como la solidaridad y la reciprocidad para salir adelante: mediante el trabajo, la tecnología y la organización social, aquellas comunidades podrán superar el medio. El paso del nomadismo a la vida sedentaria, el almacenamiento de los alimentos y el surgimiento de la aldea como campamento­base físico cambiarán las relaciones entre las unidades sociales.

La reconstrucción arqueológica del Paleolítico en Chiclana procede de: los yacimientos localizados en formaciones aluviales de terrazas (cuenca del río Iro, valle del Arroyo de la Cueva), depresiones interiores lacustres (relativas a lagos) y formaciones costeras (playa de La Barrosa, Cabo Roche y Loma del Puerco). Guijarros tallados, bifaces (útiles de piedra con forma almendrada), picos y útiles sobre lascas… Forman la tecnología achelense, propia del Paleolítico Inferior y del Homo Erectus. Su evolución (el tecnocomplejo musteriense asociado al Homo sapiens neanderthalensis) está documentada en los acantilados costeros.

El Neolítico Medio es el período en el que se adscriben las primeras ocupaciones de la Prehistoria Reciente de Chiclana de la Frontera (el yacimiento excavado de La Mesa así lo acredita). El resto de yacimientos cuyos materiales proceden de labores de prospección se enmarcan normativamente en un Neolítico en sentido amplio (Arroyo de la Cueva y Casa de La Esparragosilla). El Neolítico Medio abarca el Vo milenio y la primera mitad del IVo (entre el 5.000 y el 3.500 a. C.), y se corresponde, en Chiclana, con aldeas en campiñas litorales que se mueven en un sistema de producción agropecuario, complementado con la actividad de la pesca y el marisqueo.

Primeros asentamientos

Asentamientos como La Mesa, el Arroyo de la Cueva, la Casa de La Esparragosilla y la Loma del Lentiscar III -­en el término municipal chiclanero-­ exponen una nueva forma de vida en la que la aldea va a ser el núcleo central. La vida cotidiana gira en torno a la aldea. El aumento de la productividad en las tierras y el incremento de la población irán de la mano de una jerarquización que es el comienzo de las sociedades clasistas: ocurrirá en el tránsito entre el Vo y el IVo milenios, llegando a la Edad de los Metales (con la nueva organización territorial). El depósito de excedentes en los llamados “campos de silos” tiene su exponente en La Esparragosa, asentamiento que presenta estratigrafía.

El yacimiento de La Mesa -­dada su posición estratégica y visibilidad-­, ocupará un lugar preponderante en la zona hasta la Edad del Bronce. En torno al 2.200­1.000 a. C., este poblado queda marginado en relación con otros asentamientos (como los de Medina Sidonia o El Berrueco). Por su parte, como ejemplo de ciudad funeraria, está el conjunto de la Loma del Puerco ­IIo milenio­, que presenta restos descarnados (se cree que para facilitar el desmembramiento y acomodo de los cuerpos).

Yacimiento Loma del Puerco

El yacimiento de la finca Loma del Puerco -­situada a unos ocho kilómetros al sur del casco urbano de Chiclana de la Frontera-­, presenta en la pendiente suroeste hacia la costa una concentración de productos prehistóricos mayor: industrias de cantos tallados (con posible afiliación al Paleolítico Inferior), así como elementos “clásicos” del Paleolítico Medio e incluso restos adscribibles a momentos post­paleolíticos (tallados en bases de cuarcitas y sílex, en menor medida). Existe, igualmente, una necrópolis del II milenio a.n.e. que constituye el mayor hallazgo de la finca; el arte funerario megalítico comenzaba a desarrollarse en esos períodos. Junto con estos enterramientos fueron encontrados productos arqueológicos: seis estructuras de las cuales solamente cuatro contenían restos humanos. El ajuar funerario era escaso, pero los investigadores lograron fechar la necrópolis en la Edad del Bronce.

El autor del estudio habla de las prospecciones de la Loma del Puerco de 1991 y 1992. Actuaciones arqueológicas que constataron vestigios de la Prehistoria Reciente ­-la transición del Neolítico Final al calcolítico, el poblamiento durante el calcolítico y la Edad de Bronce-­, gracias al descubrimiento de conjuntos de núcleos prismáticos y de hojas de talla a presión para láminas muy estrechas. Durante la segunda fase de los trabajos, en 1992, se localizó una serie de cantos tallados enmarcables en el Pleistoceno Medio final o comienzos del Pleistoceno Superior; cantos tallados en cuarcita que perduraron durante el Holoceno, vinculados a la explotación de recursos marinos. Cita Eduardo Vijande Vila, basándose en la documentación de las arqueólogas Rita Benítez, Beatriz González y Esperanza Mata. Recordemos que el Pleistoceno se remonta a hace dos millones de años, mientras que el Holoceno lo hace a 10.000 años.

Yacimiento La Mesa

Localizado en 1991, este yacimiento de industrias líticas y cerámicas prehistóricas de Chiclana de la Frontera centró una campaña en otoño de 1998 (gracias a un convenio entre la Universidad de Cádiz y el Ayuntamiento que incluía cuatro campañas, si bien solamente se realizó una, puntualiza el investigador de la UCA). Situado en plena campiña litoral, el yacimiento de La Mesa demuestra que hubo formaciones sociales desde el IV milenio a. C. (hasta el Ier milenio a. C.). Un poblamiento continuado que abarcaría desde el Neolítico hasta la Edad del Bronce, e influyó en la organización de asentamientos cercanos (se trataba de un emplazamiento muy bien localizado, con recursos y un potencial para la agricultura y la ganadería extraordinario).

Se han rescatado cerámicas de consumo -­vasos y cuencos-­, formas propias de almacenaje y decoración a la almagra (con óxido rojo de hierro, más o menos arcilloso), industrias líticas para la caza (raspadores neolíticos, buriles, perforadores, etcétera). El Neolítico Final se caracteriza -­en relación a la cerámica-­ por las cazuelas carenadas o adornadas, así como por los elementos de hoz para la agricultura de cereal. Se han documentado, igualmente, formas de almacenaje (ollas y orzas), cerámicas de estilo campaniforme marítimo, hachas, azuela y mazas. Estamos en un período en el que la actividad doméstica ya implicaba transformar el alimento para comer.

Vijande Vila destaca, de la investigación de 1998, una revelación: el nivel de tierras rojas con cerámica e industria lítica adscrita al Neolítico que se remontaba al milenio Vo a.n.e. Se trata de una aldea en la que empiezan a realizarse actividades como el almacenamiento de productos vegetales.

Yacimiento La Esparragosa

Descubierto a principios del siglo XXI, el yacimiento de La Esparragosa comenzó a excavarse en noviembre de 2002. Los trabajos de campo, en plena campiña gaditana del litoral, tuvieron lugar en las cercanías del río Iro. Se descubrió un poblado de gran potencial agrícola (para secano, olivar, cereales, huerta y vid), con recursos naturales numerosos; en este emplazamiento se manifiesta una formación social tribal jerarquizada. Los nueve silos encontrados albergan fauna .­marina, sobre todo, pero también relativa a bóvidos y équidos, entre otros-­, industria lítica tallada y cerámicas a mano (típicas de finales del IVo milenio antes de nuestra era; es decir, de Edad del Cobre). Estos silos, dedicados a almacenar cereal excedente, muestran sociedades sedentarias, agrícolas, ganaderas y tribales, donde la cerámica responde a cuencos variados que evidencian formas de consumo colectivo o individual; si bien el trabajo agropecuario se complementa con la caza.

En La Esparragosa se localiza, también, un enterramiento que denota mayor estabilidad en el hábitat; los productos aparecidos (entre ellos, una pequeña concentración de semillas) evidencia la importancia del difunto. Los excedentes agrícolas, tomados por algunos miembros de la tribu, empiezan a generar tensiones. Se asiste, de esta manera, a la evolución de las formaciones sociales tribales: son los albores de la sociedad clasista y elitista. Entre la tecnología lítica hallada en los silos hay rudimentarios perforadores, taladros, trapecios y foliáceos (con estructuras de hoja o laminar).

En 2004 se efectuó la siguiente campaña en el yacimiento de La Esparragosa, en la que se detectaron 87 estructuras de silos: unas enmarcadas en el Neolítico y otras en la Edad del Cobre (que marcaría el final de la ocupación del poblado), período del que datan dos enterramientos hallados sin ajuar.

Paleolítico

  • Paleolítico Inferior (1.000.000­200.000 a. C.)
  • Paleolítico Medio (200.000­35.000 a. C.)
  • Paleolítico Superior (35.000­10.000 a. C.)

Neolítico (10.000­4.000 a. C.)

Edad de los Metales

  • Edad del Cobre (4.000­2.200 a. C.)
  • Edad de Bronce (2.200­1.000 a. C.)
  • Edad del Hierro (1.000­500 a. C.)

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