“Existen en la villa varios molinos harineros con cuatro o cinco muelas cada uno y fábricas de aguardiente, almidón, lienzos y otras de espartería, haciéndose de estas últimas una exportación considerable. La de cereales para el interior es también importante, así como la de vinos para el extranjero y América, y la de frutas y hortalizas para Cádiz. Anualmente se celebra el día de San Antonio, una feria muy concurrida que tiene por principal objeto de contratación de granos” (José Bisso, 1868)


Feria de Chiclana

Feria de Chiclana

La “Crónica de la provincia de Cádiz”, escrita a finales del siglo XIX por José Bisso, delata el origen de la Feria de San Antonio, la Feria de Chiclana. Como tantas otras celebraciones festivas, tiene su raíz en el comercio de ganado que anualmente se convertía en cita obligada de tratantes y ganaderos en muchos puntos del país. Su singularidad ­a diferencia de otras fiestas­ estriba en que es una feria contemporánea (a Chiclana le fue concedida esta Feria en 1836; una década antes que a Sevilla, por ejemplo) y no medieval, como ocurre en otros casos. En el último tercio del siglo XVIII, los comerciantes del lugar ya solían pedir al Consejo de Castilla su celebración; ésta se hacía coincidir con el remate de los diezmos del Obispado (el llamado “portalejo”), en junio. Así quedó marcada en el calendario, en torno al 13 de junio precisamente: coincidiendo con el día de San Antonio, patrón no oficial de la ciudad. Casi dos siglos después, sigue siendo motivo de bullicio, jarana y alegría en nuestro pueblo, que durante esos días es una de las ciudades más visitadas de toda Cádiz. ¿Y cómo se produjo esa evolución de la Feria y Fiestas de San Antonio? Fue en el momento en que las casetas brotaron en la ribera del río cuando el mercadeo de ganado devino en fiesta. Las casetas ­municipales, pero también de particulares y comerciantes­ empezaban a ser ‘meeting point’ de los chiclaneros decimonónicos, que alternaban estas reuniones festivas con el trato de ganado en la Dehesilla. Un año, alguien tuvo la feliz idea de plantar una caseta de baile; el éxito fue tal que el Ayuntamiento se hizo con ella al año siguiente. A mediados del siglo XX, sin embargo, se produjo un decisivo cambio de emplazamiento. La barriada del Carmen fue el lugar elegido para organizar unas fiestas que ya empezaban a parecerse a lo que concebimos hoy como feria: además de las casetas estaban los puestos de venta variados, las graciosas tómbolas, las atracciones… Aunque aún habría un giro más en relación con la festividad, que finalmente fijó su sede permanente en el parque de Las Albinas del Torno.

Feria de Chiclana, caseta "Amigos de la Teja"

Feria de Chiclana, caseta “Amigos de la Teja”

Figuras típicas de la Feria de Chiclana ­que se celebra del 10 al 14 de junio­ son los caballistas que pasean a lomos de sus equinos por el Real. Las gitanas, que ponen la nota de color con sus vestidos de faralaes, sus volantes, peinetas y batas rocieras; de cualquier edad, puedes verlas muy chiquitas con sus trajes de lunares y taconcitos, paseando en coches de caballos, o de la mano de papá y mamá. Por no hablar de los flamencos (¿se puede concebir una feria sin ellos?), que viven la fiesta como si no hubiera un mañana, al compás de bulerías, tangos, tanguillos o lo que se tercie. O de los guiris, que igual se animan a pegarse un paseo por el Real que a marcarse unas sevillanas en las casetas. En Feria, todos somos de Chiclana. Semana de FeriaEl sol se muere por las salinas en un espectáculo diario de luces que se extinguen entre el naranja y el morado. Sin embargo, esos centenares de personas miran a lo alto, no por el espectacular atardecer sino por la luz que se viene en escasos minutos. La banda de música Enrique Montero y las jóvenes ‘majorettes’ ya se encargaron minutos antes de anunciar por toda la ciudad que la gran fiesta ya había llegado a Chiclana. Repentinamente 58.000 puntos de luz se encienden para iluminar centenares de rostros. De todos, destaca el gesto de ilusión de ese pequeño que, por fin, ve satisfecho su nerviosismo. O, al menos, el primer capítulo”, escribe J. A. Cañas para La Voz Digital. La narrativa de la feria de Chiclana varía, de un año a otro, lo justo. Permanece lo esencialmente nuestro: como el desfile de gentes a caballo, o los de los titulares de enganches, por los caminos soleados y veraniegos del Real.

Feria de Chiclana, La Noria

Feria de Chiclana, La Noria

Fuegos artificiales, alumbrado tradicional, la proclamación de la Chiclanera Mayor ­adulta e infantil­, el concurso de las Casetas Particulares, las actuaciones de las academias de baile, las carreras de cintas a caballos, los shows de los cuadros flamencos y las orquestas, el agasajo a las Reinas y Damas de la Bahía, la misa en honor a San Antonio (el día 13 de junio), los panecillos, el concurso de enganches… La programación de la feria de Chiclana es un disfrute para el público, venga de donde venga. El único requisito es querer pasarlo bien en la semana grande: bebiendo nuestro fino chiclanero, probando delicias gastronómicas, alternando en nuestras casetas. La Feria a caballo El caballo es un elemento imprescindible en las fiestas de San Antonio chiclaneras. No solamente por los citados paseos a caballo de caballistas y titulares de enganches… Las instalaciones de Equimar en Chiclana son el punto de encuentro para los amantes del caballo. La programación del club hípico ­estrictamente ecuestre­ incluye concursos de enganches y pruebas de manejabilidad en las modalidades de limoneras, troncos, cuartas y media potencia; carreras de cintas a caballos; concursos de doma vaquera; y espectáculos ecuestres, igualmente. El lucimiento de los jinetes se ha ido perfeccionando, año a año, tal y como relata esta pieza del Diario de Cádiz publicada en 2009. La Feria de San Antonio es la Feria de Chiclana. Una Feria para vivir a caballo.