Sobre el cerro de Santa Ana, una blanca capilla ortogonal, rodeada de un pórtico en arcada ochavada de estilo neoclásico, domina toda la bahía de Cádiz. Su actual construcción data de la segunda mitad del siglo XVIII, fruto del proyecto del arquitecto Don Torcuato Cayón de la Vega, (el mismo que inició la construcción de la iglesia de San Juan Bautista).
El culto a la “otra patrona” de Chiclana (la patrona real de Chiclana es la Virgen de los Remedios) se remonta al siglo XVI, y se erigía sobre un emplazamiento distinto al actual, en una construcción de la que no quedan resquicios, pero sí constancia en los libros del archivo municipal.
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La licencia de construcción de la Ermita de Santa Ana tiene fecha, según los archivos municipales, del 14 de Septiembre de 1771, si bien no empezó la construcción hasta dos años después, el 13 de Octubre de 1773, costeada (120.000 reales) por los vecinos gaditanos Don Francisco de Paula y Don José Manjón.

En su interior se venera la imagen de Santa Ana y la virgen Niña, obra del siglo XVIII del escultor Domingo Giscardi. Los martes abre sus puertas y su gran cuesta es recorrida por fieles. Cuenta la tradición que las mujeres de Chiclana van a visitarla cuando quieren buscar novio, a dejarle las llaves de su casa, para que las proteja y a rezarles por casos de enfermedad en la familia.
Fruto de su altura, la colina permite divisar unas preciosas vistas de la comarca y el Parque Natural de la Bahía de Cádiz, con sus marismas y entramado de caños y salinas.

La Ermita de Santa Ana es un lugar desde donde se observa toda la Bahía. Históricamente ha sido, entre otras cosas, una atalaya desde donde, en estados de guerra o de alarma, se avisaba a la gente del pueblo. Hoy es, además, uno de los Puntos Mágicos. Su placa dice lo siguiente:
Colina de Santa Ana, molino, fortín, ermita y antigua atalaya desde la que se alertaba al pueblo de Chiclana de los ataques vikingos y moriscos. Rompiente del levante y del poniente, blanca paloma para los marcos de la mar, rosa de los vientos