Situada al oeste de Cádiz, ahí está Chiclana de la Frontera. Una localidad integrada en el Parque Natural de la Bahía de Cádiz, en el centro de la costa atlántica de la provincia sureña. De hecho, el Paraje Natural Marismas de Sancti Petri ­tesoro natural chiclanero, maravilloso humedal de 170 hectáreas­ forma parte de la bahía, virgen como salina, zona riquísima de ecosistemas diversos. El término municipal chiclanero tiene una extensión de 207 kilómetros cuadrados (donde residen 82.298 habitantes, un 76,4 por ciento de ellos en el núcleo principal; el resto, en núcleos secundarios y viviendas de La Barrosa, Los Franceses­La Vega, y los Gallos­Cerromolino). Abundan las formas de relieve suaves y onduladas que, hacia el interior, aumentan su altitud sobre el nivel del mar (desde los 21 metros a los 134 metros del Cerro de la Salinilla). Además de las marismas, destacan igualmente el Complejo Endorreico de Chiclana - ­Laguna de Jeli y Laguna de Montellano, declarado Reserva Natural; así como la Reserva Concertada Laguna de la Paja, el Pinar Público (Parque Periurbano) de La Barrosa, los alcornocales del Pago del Humo y el Pinar de Claverán. Mediterránea ­como buena gaditana que es­ Chiclana tiende a la orilla atlántica, es una ciudad marismeña y oceánica. El océano suaviza las temperaturas, tanto en verano como en invierno: reduce la amplitud térmica anual y atempera los inviernos (de 10o C a 25o C de media; rara vez se superan los 40o C). Llueve escasamente: la sequía es estival, mientras que el predominio de las precipitaciones pertenece a sus inviernos. Las horas solares son elevadas ­hasta 3.000 se contabilizan, anualmente; sobre todo en julio y agosto­, de ahí lo de Costa de la Luz (título compartido con parte del vecindario onubense). En cuanto a los vientos, influyen los de dirección oeste (más húmedos y frescos), aunque también son importantes los de levante (con componente este y sureste; cálidos, secos y capaces de llegar a los 27 km/h, frente a la media de 16,38 km/h). Perteneciente a la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir (a nivel administrativo), varios son los cursos de aguas que recorren Chiclana, a saber: el Caño de Sancti Petri es el más importante (principal canal de inundación por agua marina de las marismas chiclaneras); las marismas, que reciben los aportes más importantes del municipio; y, si nos dirigimos hacia zonas interiores, las distintas cuencas, exorreicas que desembocan en el mar, o endorreicas, con una red hidrográfica que no desagua al mar.

Vegetación de Chiclana

Las plantas autóctonas que se extienden a lo largo del curso de agua del río Iro, el arroyo de la Cueva y el arroyo del Salado son: olmedas, choperas y saucedas arbóreas y arbustivas, así como melojares, encinares y brezales. Por el noreste de Chiclana, en los terrenos húmedos y saladares (o lagunas donde se cuaja la sal), la vegetación está influida por la marea: son típicas las comunidades halófilas ­anuales y perennes­ y comunidades de salinas. Las formaciones graminoides son características aquí, y tienden a desarrollarse en las marismas litorales y estuarios de rías poco batidas. Luego está la zona dunar, que comprende la franja costera suroeste del municipio. Los alcornocales, sobre las dunas, han sido desplazados por los de la sabina negral (más adaptable a los suelos arenosos, secos o xerófilos). Cuando hay mayor cercanía marítima, el sabinar negral cede al enebro (Juniperus macrocarpa), que conforma una capa exterior al sabinar. En cuanto a la comunidad arbórea, interior y litoral se han distinguido por sus especies distintas tradicionalmente. Los bosques de acebuches, pinos mediterráneos y alcornoques eran propios de interiores, aunque las poblaciones se vieron diezmadas por el uso agrícola del suelo y el rendimiento maderero (que dio prioridad a pinos resineros y eucaliptos); aún así, quedan zonas de alto valor ecológico como el Alcornocal del Pago del Humo o el Pinar de Claverán. Concretamente, las superficies de alcornoque (Quercus suber) de Chiclana se localizan sobre todo al sureste, y no superan las 100 hectáreas. El dominio del alcornoque se ha visto desplazado por extensas repoblaciones de pinos piñoneros (Pinus pinea). Preciosos árboles que hoy en día dotan de cobertura vegetal a los alrededores de la playa de La Barrosa. No obstante, hay que diferenciar entre dos tipologías de pinares: el costero, que crece sobre las dunas o arenales cuaternarios (La Barrosa, los de Sancti­Petri y los de la Loma del Puerco, por ejemplo), y el que se encuentra entre la franja costera anterior y el límite constituido por la carretera del Marquesado y el arroyo de la Cueva. La masa arbustiva que acompaña a alcornocales y pinos se compone de matorrales mediterráneos: coscoja (árbol achaparrado parecido a la encina), lentisco (mata o arbusto siempre verde, de la familia de las Anacardiáceas), aulaga, escobones, esparragueras, acebuche, mirto (Myrtus communis), cantueso, olivilla, palmito, etcétera. Luego están los matorrales costeros, ubicados sobre suelos arenosos que comparten con el pino piñonero hasta el límite de las dunas: aquí hallamos la citada sabina negra (Juniperus phoenicea), la retama (Retama monosperma) y el enebro, otro conocido. O los de marisma, con plantas de escasa altura, como la Zostera noltii (broza), el almajo salado (Sarcocornia perennis) o la verdolaga marina (Halimione portulacoides). El matorral de lagunas y riberas, por su parte, contiene especies asociadas a la presencia de agua (ya sea en cauces o lagunas): jaras, juncos, carrizos (Phragmite australis), y espadañas o eneas (Typha dominguensis). La laguna de la Paja es la que presenta mayor cobertura vegetal, y posee igualmente plantas endémicas como la Armeria gaditana, la Eryngium galioides o la Frankenia boissieri. Cañaverales, eneas y acacias, entre otras, pueblan las formaciones de ribera. Sobre las dunas hay orugas marítimas, jaboneras... Si bien, conforme nos vamos alejando de la playa, aparece el cardo marino, la lechetrezna marina y la azucena de mar y la corregüela marina.

Fauna chiclanera

Chiclana de la Frontera acoge una fauna riquísima, interesante para el turista ornitológico. Su población de aves es la más representativa, en este sentido, y está asociada al ecosistema marino, marismeño y a su singularidad humedal (lagunas, riberas, ríos, arroyos...). Todo encaja, y está relacionado: el medio ambiente chiclanero, su comunidad vegetal liderada por alcornocales, pinares y plantas de marisma, su avifauna. Veamos qué especies habitan.

Aves en Chiclana

Las aves, como se ha dicho, están muy presentes en esta porción de la Bahía de Cádiz. En los alcornocales existen, especialmente, aves paseriformes: escribanos, alondras, cogujadas, tarabillas, alcaudones y cernícalos comunes. Al ganado se atribuye la abundancia de la Bubulcus ibis o garcilla bueyera; también son características de la zona las perdices. Pero hay más avifauna en Chiclana: águilas (culebreras, calzadas, perdiceras), halcones, mochuelos, verdecillos, currucas cabecinegras, petirrojos y cigüeñas blancas (las mismas que crían sus polluelos en el Pinar de Claverán). ¿Y las aves asociadas a marismas, lagunas y riberas? En el caso del medio marismeño, en Chiclana se han contabilizado más de un centenar de aves, como el cormorán grande, la garza imperial, el flamenco rosa o el ratonero común. Las lagunas llaman la atención de aves raras como el calamón, y otras especies como las fochas cornudas, los patos cuchara o el ánade real. En cuanto a las dunas, éstas cuentan en su paisaje con aves como el correlimos común, los charranes y charrancitos.

Mamíferos

El universo del alcornocal está ligado a micromamíferos, entre los que destacan variedades de murciélagos, topillos y ratones de campo. La liebre (Lepus capensis) es típica de estos lares, así como la gineta (Genetta genetta), el erizo (Erinaceus europaeus) o el conejo (Oryctolagus cuniculus). Las comunidades de erizos, por cierto, se mueven con suma tranquilidad en los pinares chiclaneros; mientras que la marisma acoge especies como el meloncillo o la rata negra.

Reptiles y anfibios

El Chamaeleo chamaeleon ­el fascinante y hermoso camaleón­ es uno de los habitantes más ilustres de Chiclana; no en vano, es el único representante de su grupo en toda Europa, y está entre nosotros. Otras criaturas de los pinares costeros son las lagartijas colilargas (Psammodromus algirus). Por otro lado, marismas, lagunas y riberas cuentan entre sus poblaciones de reptiles con especies como la culebra de collar (Natrix natrix), el lagarto ocelado (Lacerta lepida) y el galápago leproso (Mauremys caspica). Por lo demás, estos entornos húmedos son propicios para anfibios como la Rana ridibunda (la rana común europea), y el Bufo bufo, o sapo común.

Peces

La ictiofauna de Chiclana se localiza, en especial, en territorio de marisma (ecosistema propicio como criadero de numerosas especies marinas). Es ahí donde se produce el desarrollo de estadios larvarios, ya que se trata de un lugar amigable para peces que precisan de abundante alimento, amén de protección frente a la depredación para poder sacar sus crías adelante. ¿Quiénes son los residentes de los caños? La anguila (Anguilla anguilla), el robalo (Dicentrarchus labrax), el sargo (Diplodus sargus), la dorada (Sparus aurata), la lisa (Mugil cephalus) y la corvina (Sciaena aquila).

Paisajes de Chiclana

Marismas naturales, extendidas por el borde noreste del municipio (en la margen izquierda del Caño de Sancti Petri y el río Zurraque), donde encontramos pinares de repoblación de pino piñonero como el del Coto de la Isleta, una isla arenosa dentro de la marisma. Cerros triásicos, en el extremo nororiental: pequeñas cuencas endorreicas donde se desarrollan ecosistemas de lagunas de importante valor ecológico (protegidas como Reservas Naturales). Vegas como la del río Iro o del Carrajolilla. Los Cerros de Camila o las Lomas de Junco Real, bosques alcornocales, con acebuches y lentiscos al sureste. El litoral, estrecha franja entre la desembocadura del caño de Sancti Petri y el fin de la Loma del Puerco: con sus playas, acantilados y dunas ­como el "acantilado vivo" de Punta Bermeja o el "acantilado muerto" de Torre del Puerco­, islas y puntas rocosas. La campiña de Chiclana y sus viñedos. Los pinares del sur, fruto de las repoblaciones que han tenido lugar desde mediados del siglo XVI. La frontera de Medina, Vejer y Conil: la Nava de la Vieja y Nava del Taraje, paisaje agrícola que rodean las colinas y lomas cubiertas de bosques de alcornoques y acebuches... "This is Chiclana de la Frontera" o, más bien, su medio ambiente natural, propicio para el ecoturismo o turismo sostenible: marismas y pinos, dunas y mar, aves y camaleones, lomas y colinas.

Rutas y senderos

Turismo natural en Chiclana de la Frontera ­turismo verde, turismo sostenible, eco­friendly­ que se traduce en la posibilidad de disfrutar de rutas para conocer la zona litoral o el interior del municipio. Como el camino que descubre al visitante la salina Santa María de Jesús, de importante valor etnográfico (por sus salinas y casas salineras), paisajístico y natural (la avifauna manda en este entorno); un laberinto de caños, los que componen la espléndida Bahía de Cádiz, con la ermita de Santa Ana a las espaldas. O rutas pecuarias cargadas de interés etnológico, como la de la Vereda de la Asomada: cinco kilómetros que pasan por uno de los llamados puntos mágicos de Chiclana, La Cruz de Carrascal (donde se celebraba la feria de ganado, génesis de la Feria de San Antonio). O recorridos como el del Pinar de los Franceses, de enorme carga ornitológica ­por la abundancia de aves que ahí se avistan­ y paisajística; e histórica, pues fue en estos parajes donde los franceses apostaron sus tropas tras la célebre Batalla de Chiclana, librada en 1811.

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