Los chiringuitos en Chiclana de la Frontera son como nosotros mismos, los chiclaneros: abiertos y relajados. Y dispuestos, cada vez que es posible, a almorzar o cenar en la playa (¡una de las cosas más placenteras que existen!). La sobremesa y la copa nocturna son dos momentos-muy-de-chiringuito; el rumor de las olas sirve de sonido de fondo a una estancia casi paradisíaca. Más aún en la orilla del Atlántico que nos rodea y nos invita a quedarnos allí para siempre. Divisamos la silueta del Castillo de Sancti Petri, en un crepúsculo de los que no se olvidan (en el que podemos imaginar cómo sería aquel trozo de tierra en la Antigüedad). ¡Pero mejor que no te lo cuenten! Tienes que ir.

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