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“Gaditanísima Chiclana”. Así piropeaba a su ciudad natal el escritor, poeta y flamencólogo Fernando Quiñones (1930-1998), una de las figuras más excelsas de este rincón de la Bahía de Cádiz, famoso por los esteros de Sancti Petri, su pasado almadrabero y su condición -contrastada durante siglos- de amable anfitrión. Muchos visitantes insignes han dado cuenta de esto, como el hispanista francés Antoine de Latour (quien estudió con interés el territorio chiclanero en sus viajes sureños). Chiclana de la Frontera posee un patrimonio natural cuyo símbolo son las Marismas de Sancti Petri, que se alzan como tesoros a ras del agua en plena bahía, Parque Natural de obligado paso para quienes hacen turismo en el sur. Los amantes de la naturaleza en general y de la ornitología en particular tienen una cita con un paraje que se caracteriza por su biodiversidad: en cuanto a fauna -aves, especialmente-, especies marinas y vegetación halófila.

Y es que flores no faltan en el territorio de Chiclana, que limita al norte con San Fernando y Puerto Real, y al sureste con la vecina Conil de la Frontera, Medina-Sidonia y Vejer de la Frontera. Tanto es así que el londinense Tom C. Henn -chiclanero de adopción desde los años ochenta y autor de la “Guía de las flores silvestres de Chiclana”-, dice que el patrimonio floral asciende a 600 especies. Y que podría alcanzar las 700, además.

Pero volviendo a las marinas chiclaneras -en dirección al suroeste-, hay que partir de un camino a través de las carreteras de Chiclana. Realmente, merece la pena. Una vez allí, es posible hacer recorridos a pie -guiados, si se quiere- para atravesar las dunas litorales con pinos piñoneros (el Pinar del Coto de la Isleta, generoso en camaleones y otras especies), divisando cigüeñuelas comunes (Himantopus himantopus) y pájaros como el Martín Pescador (Alcedo atthis). Los paisajes marismeños, a la luz de la mañana o del crepúsculo, ofrecen un halo de ensoñación repleto de quietud y serenidad. Esto es Chiclana de la Frontera. Pero es que Chiclana de la Frontera es mucho más.

 

Playas de Chiclana, el edén

Playa de Sancti PetriLa playa es un reclamo fabuloso para familias y visitantes de todo el mundo que busquen la seducción de las luces costeras, el horizonte del Atlántico. Por algo nos encontramos en la llamada Costa de la Luz, que se extiende por el golfo de Cádiz, en el suroeste de Andalucía.

La de Sancti Petri (una de las dos playas chiclaneras) es muy virgen; algo así como un pequeño edén -de apenas 1.200 metros de longitud- en el que se puede recordar el origen de los tiempos, disfrutando a su vez de las puestas de sol. O desfilar por las pasarelas de madera y contemplar las dunas evanescentes, tan gaditanas y escurridizas como las ninfas de Debussy.

Entre el antiguo poblado de Sancti Petri y el Novo Sancti Petri -por donde Chiclana ha ido creciendo en los últimos años, zona turística de ‘greens’ y resorts, orientada al amante del golf-, una línea arenosa bordea la costa. Por sus arenas finas y límpidas la conocerás. Hablamos de La Barrosa -escenario, por cierto, de una de las batallas de la Guerra de Independencia en el siglo XIX-, playa dorada, tranquila y de escaso oleaje. En 2014 fue votada por casi 10.000 internautas en la web de Antena 3 como mejor playa de la región. El paisaje dunar, su belleza, así como la finísima arena de sus ocho kilómetros, la descubrieron como “playa revelación” del litoral andaluz. Ocupa -en 2015-, un lugar privilegiado entre las playas destacadas de España, según la web de viajes Trip Advisor.

Chiclana y los vestigios del pasado

Declarada ciudad en 1303 por Fernando IV de Castilla (monarca que donó el poblado original a don Alfonso Pérez de Guzmán, fundador de la Casa de Medina Sidonia), la ciudad de Chiclana de la Frontera ha heredado una historia conectada con América y África por su pasado comercial y porteño (no en vano, en la Edad Moderna adquirió entidad urbana y se apuntó a una floreciente economía de mercado basada en el comercio de vino y aceite con el Nuevo Mundo).

El río Iro la parte en dos mitades: el margen izquierdo (El Lugar) y el derecho (La Banda). Ambos reúnen ejemplos del patrimonio religioso y significativo chiclanero, especialmente El Lugar, donde se encuentran las grandes casas nobles e iglesias como la neoclásica de San Juan Bautista, Bien de Interés Cultural -al igual que el casco urbano chiclanero en su totalidad- levantada en el siglo XVIII (entre sus atractivos destacables, sus dos lienzos de la escuela del maestro Zurbarán). Uno de edificios más conocidos por los lugareños es la Torre del Reloj, ubicada en la Plaza Mayor y conocida como “Arquillo del Reloj”.

El Templo de Hércules

El Castillo de Sancti Petri (de los siglos XVII y XVIII, cuenta con una torre-atalaya de 1610) se alza junto al mar antiguo donde al parecer también se levantó el templo de Melkart (cuya existencia se sitúa en torno al siglo XII a. C.). Repeler a los piratas era, al parecer, la misión de esta fortificación, colocada en un islote que fue habitado por pescadores y almadraberos… Que actualmente atrae las atenciones de los viajeros avezados, turistas con inquietudes y amantes de la Antigüedad. Las travesías en kayak -para los más deportistas- son una fantástica manera de conocer este pequeño archipiélago de alrededor de seis kilómetros. Un periplo fascinante en el que imaginar aquella civilización fenicia que, asentada en este territorio, ha dejado vestigios arqueológicos maravillosos.

Entre otros, ajuares domésticos, restos de la industria de la época o figuras como la del propio dios fenicio Melkart (posteriormente identificado con Hércules, el dios-héroe, a la llegada de los romanos). En el Museo de Chiclana -que repasa la historia de la ciudad en todas las edades del hombre- se expone una amplia selección de piezas que hablan, por sí solas, de actividades como el salazón o del comercio. Ánforas y monedas se encargan de construir el relato de nuestros antepasados griegos y cartagineses que pasaron por nuestra ciudad.

Una villa para el turismo

Con sus 82.298 habitantes (según datos de 2014), Chiclana es una de las localidades más pobladas de Cádiz, y apunta bien alto como destino turístico del sur de Europa. Senderismo y turismo sostenible, turismo cultural, turismo saludable, turismo de golf y deportivo en general (Chiclana ha sido Ciudad Europea del Deporte 2015)… Las posibilidades que ofrece la ciudad andaluza son diversas y atractivas; compatibles, asimilables, para todos los públicos, abiertas a cualquier visitante. Relajarse en los baños termales del balneario de Fuente Amarga, liberar el estrés en La Barrosa, rodear el vetusto poblado atunero de Sancti Petri o pasar una espléndida jornada en alguno de los campos de golf de Novo Sancti Petri son algunas de las alternativas. Que no son pocas, si tenemos en cuenta que la ciudad cuenta con más de 12.000 plazas hoteleras, complementadas por una oferta gastronómica regada por una cultura vinícola integrada en el denominación de origen del Marco de Jerez, marca de prestigio y calidad.

Se dice que Chiclana fue pionera en el uso del agridulce (antes de que la ‘nouvelle cuisine’ lo convirtiera en tendencia, incluso). Que es tierra de moscateles ligeritos para tomar con butifarra en lugares tan emblemáticos como la Bodega del Sanatorio. Que se pueden desayunar unos churros excelentes en el nuevo mercado de abastos chiclanero, construido en 2009. Que a los pescados buenos -de tierra marinera, claro- se les llama “de roca”: urtas y pargos, entre otros. Y que sus langostinos, de finísima carne y criados en los esteros, son exquisitos. Por algo vienen de ahí, de los esteros de Sancti Petri a los que cantaba Camarón…

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